Nevada en el Navazo

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Clarea el día y voy camino de Villaluenga, allí me esperan para subir casi a lo más alto. Por Benaocaz aún persiste algo de nieve tras la copiosa nevada de hace dos días. Y donde no hay nieve… hay escarcha, todo está blanco, congelado. Por estos lares la noche ha debido ser de garabatillo, con unas temperaturas tan bajas que hasta las ginetas llevan bufanda y las garduñas gorro de lana, qué frío.

El termómetro del coche parpadea avisándome del riesgo de hielo. Aminoro la marcha y extremo la precaución cerca del Saltillo en una curva tan cerrada y tan a la sombra que de formarse hielo seguro estaría ahí, esperándome como si de una emboscada se tratase. Ya en La Manga recobro algo de confianza y acelero un poquitín. Es cierto que hay nieve pero estoy convencido de que mucha menos de la que la gente espera encontrar.

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Me he colgado la mochila, me he puesto los guantes y comenzamos la caminata. El pueblo va quedando atrás, ahora está muy tranquilo, no sabe la que se le viene encima.

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En el camino empedrado que poco a poco nos va alejando del pueblo hay placas de hielo, pasamos una angarilla y comenzamos a pisar tierra, cogemos altura poco a poco. Allí abajo más y más coches transitan por la carretera buscando un lugar donde detenerse para poder disfrutar de la nieve que decora el arcén.

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No encabezo la marcha, en esta ocasión Selu hace las veces de maestro de ceremonias. Pretende subir por la Cuesta Peralta hasta el Navazo Hondo y yo le sigo sin rechistar. En esta ladera a la solana en la que estamos no hay nieve, ya hace tiempo que se derritió, el suelo está mojado.

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Hemos cogido algo de altura, pasamos un muro de piedras y la cosa comienza a cambiar, cada vez hay más nieve. El sendero se escurre entre paredes de piedra y bosquetes de encinas. Y poco a poco nos vamos adentrando en unas tierras donde hay picos muy altos que no tienen ni nombre.

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Hemos llegado a un claro del bosque cubierto de nieve, siguiendo las instrucciones del benjamín del grupo nos prestamos a hacer un muñeco de nieve. Y una vez construida nuestra efímera y poco agraciada escultura pues dispongo figurantes para hacernos una foto, a uno lo dispongo más de una vez y este es el resultado.

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Seguimos adelante, el sendero se encajona entre las piedras y pasamos a la otra vertiente, ahora sí que hay nieve. Tanta como que caminamos con cuidado para no resbalar.

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A nuestra derecha se yergue una impresionante mole caliza de paredes verticales, inexpugnable. Sé que en algunos mapas aparece como Encinar y Pardeja pero su verdadero nombre no deja de ser un enigma, tal es así que si le preguntáramos a las gentes del pueblo, cada uno la llamaría de una forma diferente. Una cosa sí es cierta y es que a sus pies están las Covezuelas.

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Localizamos una pequeña dolina perdida en medio de aquellos parajes, se trata de un lugar escondido donde existe una corraleta de piedras de trazado casi circular, dentro moran dos nogales y algunos almendros que hace mucho tiempo que perdieron sus hojas.

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Esta ladera, donde quizás hoy no dé el sol, está completamente nevada y hace mucho frío. Ha bajado tanto la temperatura que ahora es cuando no me arrepiento de haberme abrigado a conciencia. Los arces decoran la ladera.

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Nos sorprende localizar un pozo con su pilón de agua muy fría, evidentemente, tan fría como que la cubre una placa de hielo que supera el centímetro de grosor. Junto al pozo moran algunos chopos que asemejan centinelas, están completamente desnudos y son tan altos que no miro ni para arriba.

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Enfrente, en lo más alto, reconozco el Puerto de la Víbora y ya sé donde estoy, de pasar por allí accederíamos a la Cuesta de Fardela. Giramos a la izquierda camino del Navazo Hondo.

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Se trata de un poljé de forma alargada, casi rectangular, cercado a la diestra y a la siniestra por laderas empinadas tan agrestes que aventurarse por allí es una auténtica locura. Si quisiéramos salir de aquí por el sur, que es lo que verdaderamente pretendemos hacer, no nos quedaría otra que seguir un sendero que serpentea por la ladera que tenemos enfrente.

En lontananza… El Caíllo.

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La nevada debió ser copiosa, tal es así que aún la nieve se mantiene en este paraje. No hemos sido los primeros en subir aquí, las huellas delatan a anteriores visitantes que en fila india han cruzado el llano.

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Otras huellas de menor tamaño salpican la nieve, se trata de cerdos pero de los de cuatro patas que aquí moran. Forman pequeños grupos y se dedican a remover la nieve buscando raíces, bellotas y lombrices. Y por lo que brincan y saltan se lo deben estar pasando de lo lindo.

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Hemos localizado al menos dos sumideros, los arroyos que canalizan las aguas hacia su interior están completamente congelados. Incluso se puede andar sobre el hielo sin que llegue a resquebrajarse, pero nosotros no nos hemos subido.

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En el margen izquierdo, por donde discurre el sendero, hay dos pequeñas fuentes protegidas por una alambrada que impide que el ganado que pulula por allí ensucie sus aguas.

De buenas a primeras el suelo ha crujido a nuestro paso y comprobamos con sorpresa que la nieve oculta maliciosamente una grieta. No conocemos su profundidad y tampoco queremos saberlo, como si de la moviola de un programa deportivo se tratase hemos vuelto sobre nuestros pasos y ya estamos de nuevo en el sendero.

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Nos dirigimos hacia la pared que cierra el navazo al sur, ahí es donde se amontona la nieve y entonces echamos en falta un trineo. Es el lugar idóneo para disfrutar de la nieve y uno de nosotros no desaprovecha la oportunidad.

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Dejamos a un lado los “deportes de invierno” y acometemos la subida hacia el Navazo Alto. Hay tanta nieve en el sendero que no sabemos ni dónde diablos está, no nos quedar otra que seguir el rastro de los que ya subieron o bajaron por aquí.

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Y hemos llegado arriba, donde moran unas encinas, algunas de ellas enormes, asomadas al Navazo Hondo. Me llama la atención el contraste de su negro y rugoso tronco con la blanca nieve. Aquí sopla algo de viento y no es un buen sitio para almorzar.

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Comenzamos a cruzar el Navazo Alto y a parapeto de unas piedras, protegidos de una desagradable brisa que por momentos se torna fría y más fría, damos buena cuenta de nuestros caldos y viandas, sentados en las piedras y rodeados de nieve. “Sin Pepe no somos nadie”.

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Durante el almuerzo el cielo se ha ido cubriendo y todas las posibles tonalidades del gris se han dado cita. Miramos a poniente y tan oscuro se ha tornado el cielo que tememos que nos llueva. En la cima del Caíllo se arremolinan nubes y más nubes. Invierno.

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Tras la ingesta retomamos la marcha y para ello nos proponemos cruzar el Navazo Alto. A estas cotas la nevada ha sido tan copiosa que ha cubierto incluso las pequeñas charcas que visitamos hace dos meses, no queda ni rastro de ellas, ni tan siquiera la más mínima ondulación del terreno que delate su presencia.

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Como por arte de birli birloque han desaparecido las amenazadoras nubes. Antes de abandonar el idílico paraje entramos en tal contienda que llega un momento en que no sabes ni de dónde te va a venir el siguiente bolazo de nieve. Y así hemos estado durante un buen rato, ataviados a lo zagal, disfrutando de lo lindo de la efímera nieve, una nieve que probablemente cuando publique esta crónica no quede ni la muestra.

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Cae la tarde, ha llegado el momento de retomar la marcha. Nos volvemos a poner serios y ajustamos la mochila a la espalda, cada uno la suya. Dejamos atrás el navazo y tomamos el sendero que serpentea por la Sierra del Caíllo camino de Villaluenga.

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Nos esperan vertiginosos desniveles, solo deseamos que el traicionero hielo no nos tienda una emboscada y estropee nuestro deambular por estos hermosos parajes.

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Oteamos Villaluenga, está allí muy abajo, tan abajo que ni tan siquiera distinguimos a las personas. De no haber bajado antes por este lugar me hubiera costado creer que existiera sendero. Pero haberlo, haylo y en él confiamos para llegar hasta el pueblo.

Pronto oímos la algarabía de los niños y el inconfundible ronco ladrido del perro que atado está.

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7 respuestas a Nevada en el Navazo

  1. Selu dijo:

    Qué buen paseo echamos, 8 kilómetros por unos parajes que aunque conocemos bien no dejan de sorprendernos. A preparar la próxima….

  2. Preciosa entrada Carlos. Un saludo

  3. Carlos dijo:

    Precioso paseo compañero, ya veo que disfrutasteis, de lo que me alegro “un montón”. Saludos cordiales.

  4. retamalys dijo:

    En verdad un hermoso paseo. Menos mal que lo has aclarado, por qué me estaba quedando prendada de esos trillizos ta guapos. Guapos paisajes, hermoso El Niño .

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