El Perezoso del Alacrán

Hay un lugar al que he subido varias veces y del que nunca escribí una crónica, y la verdad es que no sé el porqué. Se trata de un lugar de una biodiversidad desbordante, se trata de un lugar accesible y a la vez remoto. Se trata de un lugar al que se le conoce como el Perezoso del Alacrán. Sí, se trata de un lugar que…

Bueno, resulta que este sábado estuvimos allí, me parece a mí que con las fotos de esta ocasión y con las de otras anteriores me da “pa” media crónica. Sigo opinando que las fotos están para verlas, no “pa” tenerlas ocultas en lo más recóndito del disco duro de nuestro ordenador. El tío del tiempo lleva diciendo toda la semana que verás la que va a caer, y aquí estamos todos los aficionados a esto del senderismo con la duda de si echamos el impermeable en la mochila o no. Lo cierto es que este sábado amaneció casi despejado y con unas temperaturas ideales para andar, y como no…, nos echamos al monte.

Iniciamos nuestro sendero rodeados de enormes acebuches y “pastantes” vacas palurdas. Dejamos atrás este primer tramo del sendero y tras cruzar un claro del bosque donde la hierba estaba cubierta de rocío, el sendero comenzó a ascender y a adentrarse en un hermoso bosque. Unos enormes árboles, que algunos de ellos deberían de tener la catalogación de árbol singular. Quejigos, encinas, madroños, acebuches y otras especies componían aquella floresta. Un ambiente húmedo con piedras y troncos cubiertos de líquenes henchidos de agua, un suelo con la hojarasca húmeda y llena de vida, un dosel forestal donde no paraba de sonar el canto y el ajetreo de los pájaros. Un lugar vivo, muy vivo.

Llegamos al Perezoso del Alacrán, éste no es otra cosa que una ligera depresión del terreno en medio de aquel hermoso bosque, cuando llueve se llena de agua y rebosa de vida. Eso es cuando llueve, ahora como sólo han caído cuatro gotas el suelo no pasa de estar húmedo.

A la vista del panorama decidimos explorar otros lugares de por aquí. Del Perezoso del Alacrán parte una senda hacia el este, cómoda y llevadera en ligero descenso. Discurre entre piedras cubiertas de líquenes y floridos algarrobos. La debemos abandonar cuando llegamos a un lugar donde el terreno se torna llano, tras dejar atrás un quejigo de tronco yacente giramos a la derecha. Aquí el sendero se vuelve áspero, empinado y adornado con aulagas. Queremos llegar hasta el arroyo Ahijadero, por otras calendas observé tritones en unas pozas. Llegamos al lugar señalado y allí estaban las pozas, de agua nada, de tritones, menos, es más, creo que ni se les espera. Ante nosotros, allí lejos, la Sierra de la Silla. Decidimos desandar el sendero y volver al punto de partida.

Esto es lo que aconteció en esta ocasión, la podríamos calificar como amena, tranquila, jovial y divertida. Componentes de la “comitiva”: Juan, Joaqui, Pablo, Juanca & me.

Echo la vista atrás y recuerdo otra ocasión en la que anduvimos por estos lares. Recuerdo que era Abril, recuerdo que el cielo tenía un color gris plomizo, hacía frío y llovía, llovía bastante. Lo que se dice “un día de perros”. En el campo no estaba ni el guarda. Nos pertrechamos debidamente con nuestras capas y nos adentramos en el bosque con el mismo objetivo: subir al perezoso.

Estando allí arriba ensimismados con nuestras cosas, que si la plantita, que si el pajarito,… surgió de la espesura del bosque y se plantó ante nosotros un cazador rifle en mano. Nosotros estábamos desarmados, je. Vaya susto. Según nos contó poseía un permiso para abatir un corzo (Capreolus capreolus). Nos contó que nos llevaba un buen rato vigilando con la mira telescópica del rifle. Pensé para mí, …estaría con el seguro puesto ¿no?. Nos invitó a tomar un sendero distinto al que él llevaba y así lo hicimos. Aceptamos su invitación, por supuesto. Tal y como estaba el día, el cazador no esperaba encontrarse con nadie, y nosotros menos con un cazador armado con un potente rifle y ataviado con una capa de tal forma que sólo se le veían los ojos.

Continuamos con el sendero y cuando nos hartamos de agua nos dimos la vuelta. No oímos ningún disparo.

Vaya, a lo tonto, a lo tonto he tenido para media crónica. Y lo mejor de todo, por fin van a ver la luz algunas de las pocas fotos que hice aquel día de perros que tuvimos el encuentro con el cazador “capado”, lo de “capado” es porque llevaba capa.

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Una respuesta a El Perezoso del Alacrán

  1. Genial, la ruta por este vergel y tu crónica Carlos.

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