Expedición Botánica I

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En la oscuridad de mi habitación, intentado dormir, noté como una agradable brisa fresca entraba por la ventana. Oía el silencio del pueblo y, cada cuarto de hora, el tañido de la campana de la iglesia. Poco a poco me fui apagando hasta que me quedé profundamente dormido,… no sé el tiempo que había transcurrido cuando me desperté bruscamente, quién sabe si sobresaltado por mis propios ronquidos o nervioso por el inicio de la inminente expedición botánica, miré el reloj y comprobé que sólo eran las 04:09. Aún tenía casi una hora por delante, intenté conciliar el sueño,…y lo conseguí.

Mucho antes de que sonase el despertador ya estaba preparando el café. Eran las 5 de la mañana y ya tenía la mochila medio pertrechada, había sacado las botellas de agua del congelador, cortado el pan, comprobado la linterna,… los demás hicieron lo propio.

La Sociedad Gaditana de Historia Natural había organizado, tras conseguir los permisos pertinentes de la Junta de Andalucía, una Expedición Botánica al Pico San Cristóbal, y las 6 de la mañana fue la hora acordada para acometer la subida. Pablo, Carlos, Iñigo, Sue, José Manuel y yo fuimos los primeros en llegar, permanecimos en el coche hasta que llegó el resto de la comitiva.

Casi con puntualidad británica iniciamos el sendero y allí que coincidimos 15 auténticos aventureros, un 7 de Julio, dispuestos a alcanzar la cima desafiando las altas temperaturas y sin importarnos ni el fuerte viento de levante ni la oscuridad de la noche.

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Con la mochila a la espalda y la linterna ajustada en la frente nos adentramos en aquel bosque de pinos, que se nos antojaba tenebroso, en la más completa oscuridad. Sólo se oía el ruido de nuestros bastones al chocar con las piedras del sendero. Nadie hablaba, cada uno absorto con sus pensamientos, pero todos con una idea común: alcanzar el Puerto de las Cumbres cuanto antes, nuestro primer objetivo.

No había transcurrido ni media hora cuando empezó a clarear, alcanzamos el puerto y vimos como una agradable luz teñía laderas y bosques de suaves tonos anaranjados. Ante nosotros se erguía desafiante la mole caliza del Pico San Cristóbal (1.554 m.), nuestro destino.

Esperamos en el Puerto de las Cumbres para reagruparnos. Mientras tanto saqué mi cámara de la mochila, miré por el visor y comprobé que había poca luz. Levanté la mirada y me di cuenta de que la mayoría estaba haciendo lo mismo. Sin posibilidad de fotografiar nos entretuvimos casi a tientas con algunas de las plantas que poblaban aquel lugar.

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Una vez reagrupados todos los miembros de la expedición reanudamos la marcha. El sendero discurría por la ladera de la montaña manteniendo una misma cota con una dirección inequívoca, el San Cristóbal que teníamos en frente.

Mucho antes de llegar a la base del pico volvimos la vista atrás y comprobamos que estaba amaneciendo, despuntaba el alba y el sol, de agradables tonos anaranjados, aparecía por la cresta de la montaña.

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El grupo se fue estirando y encogiendo a lo largo del sendero, unos y otros se entretenían con determinada planta aquí y con otra especie no menos interesante allá. Llegamos junto a un arce en la misma base del San Cristóbal, abandonamos el sendero y acometimos una primera subida por una pedrera inestable y salpicada de aulagas.

Encontramos una pequeña umbelífera con frutos, desde mi posición fui testigo de una escena bañada por una agradable luz, una escena donde tres compañeros de expedición se afanaban en identificar la especie. Me encaré la cámara, ni siquiera ajusté parámetros, sólo encuadré y pulsé el disparador.

Continuamos con la subida y el grupo se fue estirando sobremanera por aquella pedrera de calizas pequeñas e inestables. Aquella subida, entre resbalones, continuas paradas, maldiciones e improperios se nos hizo eterna.

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Pablo y yo fuimos los primeros en llegar al collado, en la misma base del pico, aquí el viento de levante soplaba con tanta fuerza que no me atreví a asomarme a los cortados.

Y poco a poco fui cogiendo confianza, tanta como que unos cinco minutos después ya estaba asomándome al impresionante cortado de agrestes paredes verticales. Y Oteé Grazalema allí muy abajo,… dormida,… protegida por la Sierra del Endrinal.

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Serían la ocho de la mañana cuando la tenue luz del sol comenzó a bañar todos los rincones de la sierra,… qué vistas, impresionantes. Poco a poco fueron llegando todos los miembros de la expedición.

Nos reagrupamos junto a un profundo pozo de nieve, nuestra sombra se proyectó en su pared de piedras cubiertas de líquenes, me pareció una imagen interesante, así la cámara con fuerza, miré por el visor y disparé.

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El viento de levante había despejado la atmósfera. Sentados en una piedra en aquel collado nos quedamos extasiados contemplando el paisaje, la milenaria ciudad de Cádiz, la bahía, el pantano de los Hurones y el de Guadalcacín, Vejer,  la Sierra del Aljibe, África, La Sierra de la Silla, el Cerro de las Cuevas, La Sierra del Caíllo,…

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Manuel decidió mostrarnos una curiosa especie que había localizado en la crestería del pinar, y allí que nos dirigimos algunos miembros de la expedición. Fuimos trepando entre las enormes piedras calizas, aulagas y cojines de monja, asiéndonos a pequeños resquicios ejercitando músculos de las manos que no habíamos usado nunca.

Como condimento a esta ardua tarea, un fuerte viento de levante que no nos dio tregua. Nos empujaba ladera arriba y de vez en cuando nos hacía casi perder el equilibrio.

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Llegamos a la cresta y ante nosotros se presentó el más bello paisaje que existe en estas tierras, sin lugar a dudas. La cara norte de la Sierra del Pinar, culminada por el Torreón y cubierta por un extenso bosque de tonos verdes oscuros: El Pinsapar, la joya del PN Sierra de Grazalema.

Algunos vetustos pinsapos subían por la ladera como queriendo alcanzar la cresta, y allí arriba el viento hacía de las suyas modelándolos a su antojo. Lo de cresta no era ninguna tontería, a un lado y otro una paredes verticales de caídas inverosímiles que asustaban con sólo mirarlas.

Continuamos por la crestería hasta llegar al lugar donde Manuel había localizado unos ejemplares de torvisco de monte (Daphne oleoides), su período de floración había pasado y presentaba pequeños frutos inmaduros. A respaldo del levante esperamos a que llegase el resto de los expedicionarios.

Cuando todos habían visto la interesante especie, decidimos volver sobre nuestros pasos. La mayoría optó por faldear por la ladera hasta llegar al collado donde estaba el pozo de nieve.

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José Manuel me propuso alcanzar la cima del San Cristóbal, miré de reojo a la impresionante mole caliza a nuestra izquierda y, ni corto ni perezoso, accedí. Fuimos subiendo entre las grietas de las enormes piedras, errando una y otra vez el camino, y ejercitando los músculos de manos y dedos,… sí, esos que no habíamos estrenado hasta hoy.

Llegamos a la cima del pico que durante muchos años fue considerado erróneamente la máxima cota de la provincia de Cádiz. El viento de levante continuaba soplando con fuerza,… bendito aliado. De no ser por él el calor hubiera sido insoportable, 7 de Julio,… casi “ná”.

Desde nuestra posición privilegiada oteamos unas vistas impresionantes. Tal es así que me situé en el punto más alto de la ancha cima y disparé mi cámara a diestro y siniestro con la intención de conseguir material para una panorámica de esas que gusto de hacer, que en esta ocasión quizás pudiera ser de 360º.

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Estábamos disfrutando de las vistas cuando oímos unas voces a nuestra espalda, nos giramos y allí estaba Federico que había subido por otra vertiente.

Y todos nos quedamos extasiados contemplando la belleza del paisaje.

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Decidimos iniciar la bajada del San Cristóbal por aquella empinada ladera, pusimos especial cuidado con las traicioneras piedras pequeñas y fuimos sorteando grietas y aulagas bajo un sol de justicia intentando no resbalar.

Vimos en el collado, allí abajo, al resto de la expedición a la sombra, muy pequeñitos. Se fueron haciendo más y más grandes hasta que llegamos a su altura. Me quité la mochila de la espalda y busqué en su interior el agua y mi bocadillo, me senté a la sombra y di buena cuenta de él, no desperdicié ni las migas.

Serían las once cuando saqué el termo de café y lo ofrecí, Manuel comentó que era todo un lujo poder tomarse un café calentito en aquel bucólico lugar, y no quedó ni la muestra,…bien para mí,…menos peso a la espalda.

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Alguien apuntó la idea de visitar una pequeña población de una orquídea en el mismo borde del bosque de pinsapos: Epipactis kleinii. Y hacia allí nos dirigimos, iniciamos la bajada para alcanzar el sendero que habíamos abandonado por la mañana. Una vez en él, nos dirigimos al bosque de pinsapos.

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Caímos en la cuenta de que el viento de levante había dejado de soplar,… y empezó a hacer un calor insoportable, 7 de Julio,… casi “ná”.

Caminábamos por el cómodo sendero disfrutando de unas hermosas vistas, cortados calizos poblados por unos pinsapos coronados por numerosos estróbilos, paredes casi verticales y pedreras interminables y peligrosas.

Nos adentramos en el bosque un poco más allá y conseguimos encontrar algunos ejemplares de Epipactis kleinii, pusimos rodilla en tierra y la fotografiamos, en esta ocasión el viento ya no movió la planta.

Hubiéramos preferido que la hubiese movido, y es que…, quién lo diría, el viento de levante había sido nuestro mejor aliado, nos refrescó durante toda la expedición, hasta que dejó de soplar, claro.

A partir de entonces hizo tanto calor que acabamos con el agua más pronto que “ojú”.

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Una vez localizada y fotografiada la población de Epipactis kleinii, decidimos emprender el camino de vuelta. Enfilamos el sendero casi sin prestar atención ni a la flora, ni a la fauna,…ni al espíritu santo.

Aquello se convirtió en una apresurada marcha con un objetivo claro: quitarnos de en medio cuanto antes,… y es que hacía un calor de mil demonios.

Ya no sabía cómo colocarme el sombrero que estaba estrenando, las gotas de sudor me caían por la mejilla, 7 de Julio,… casi “ná”.

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Y llegamos al Puerto de las Cumbres e iniciamos la bajada por el bosque de pinos de repoblación. La bajada se nos antojó tediosa, de hecho fue más llevadera la subida a oscuras en mitad de la noche que la interminable bajada a plena luz del día.

A las 3 y media de la tarde ya estábamos en el aparcamiento y llegó la hora de entonar “elpobredemí”.

Habíamos estado durante más de 9 horas en lo más apartado de la sierra, en uno de los puntos más altos de la provincia, disfrutando de unos hermosos paisajes, rodeados de una increíble naturaleza y acompañados de un fuerte viento de levante que nos refrescó durante casi toda la expedición,… y todo esto en pleno verano,…

7 de Julio, casi “ná”.

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Rhamnus pumilus, Scandix stellata, Daphne oleoides, Hieracium baeticum, Campanula rotundifolia, Jasione foliosa subsp. minuta, Erysimum rondae, Epipactis kleinii, Papaver rupifragum, Saponaria glutinosa, Armeria villosa subsp. multiaristata, Centaurea castellanoides, Brassica repanda subsp. confusa, Draba hispanica, Epilobium lanceolatum, Viola demetria

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Toda esto lo tienes a tu entera disposición en MI WEB PERSONAL.

Esta 1ª EXPEDICIÓN BOTÁNICA ha sido organizada por la Sociedad Gaditana de Historia Natural

Y se me queda en el tintero la panorámica de 360º desde la cima del Pico San Cristóbal, Mientras no la termine puedes ver otras en mi web de PANORÁMICAS

Espero que te haya gustado

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9 respuestas a Expedición Botánica I

  1. Selu dijo:

    Muy buena entrada Carlos muy bien comentada y de un sitio excepcional, se puede “vivir” la pequeña aventura con todos los pormenores, desde el viento hasta la caló…

  2. JR dijo:

    Gracias Carlos, que pena no haber podido ir pero seguro que coincidiremos en otras.

  3. Me alegra mucho por vosotros..ya veo que mereció mucho la pena, lástima que no pudiese ir.
    Un saludo.

  4. Hola, Carlos increible el sitio, yo estube el pasado enero, el mismo viento pero totalmente opuesto en las temperaturas… oju que frio pasamos…….

  5. Marin Ponce Alegre dijo:

    Interesante y precioso recordar todo esto de nuevo. Hace como bastantes aos que no paso por all… los pinsapos y la sierra de los endrinos, la de Grazalema… zona privilegiada de la naturaleza. Besss amig@s.

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