Bajo la lluvia

bajolalluvia00 Hace mucho… mucho tiempo.

A pesar de que le habían aconsejado que no fuera solo a aquel lugar… allí estaba, adentrándose en unos parajes que se le antojaban inhóspitos. Fue subiendo por el cauce del arroyo, unas veces apartando la vegetación y otras saltando de piedra en piedra.

Se detuvo sobre una de ellas y observó lo que le rodeaba, un espeso bosque cubría la profunda garganta. De entre las copas de los árboles surgían enormes piedras cinceladas a su antojo por la fuerza de la naturaleza.

En su mano izquierda portaba el arco y a medio montar, rozándole el antebrazo, una flecha con punta de sílex, ligera y mortífera. Se trataba de una de las que había canjeado a un grupo tribal que había llegado del otro lado del río.

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Sonó un trueno en la lejanía y el día se oscureció. Miró al cielo y supo que se mojaría. En un instante la penumbra inundó aquel apartado lugar y comenzaron a caer las primeras gotas, aquí y allá, produciendo un sonido en la hojarasca y en la floresta que hacía meses que no oía.

El inicio de la temporada de lluvias había llegado fiel a su cita. Esas primeras gotas dieron paso a un aguacero que le obligó a buscar refugio en uno de los abrigos que salpicaban la ladera boscosa.

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Una vez dentro, apoyó el arco y las flechas en la pared y se sentó en una piedra, allí esperó a que dejara de llover. Sabía que no era prudente salir solo de caza pero nadie de su clan se quería aventurar por aquellos parajes, de hecho… muchos de los que aquí se adentraron… nunca volvieron.

Continuaba lloviendo con fuerza, se podría haber quedado en el abrigo, seco y relajado, pero no. Apretó los dientes, se colocó bien su cubrecabezas adornado con dos cuernos de cabra montés y decidió seguir adelante. Se detuvo en un claro del bosque, cerró los ojos y solo oyó el sonido de la lluvia. Miró al cielo gris casi negro y maldijo que no cesara de llover.

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Siguió adelante por aquella escuálida senda sembrada de bellotas caídas. Las esbeltas cebollas albarranas añadían cierta luminosidad con su efímera blancura y un agradable olor a tierra húmeda impregnaba aquel apartado lugar.

Localizó unas huellas de pezuñas y esbozó una sonrisa. Supo que eran recientes y caminó de lado con pasos lentos y sigilosos. Con dos dedos de su mano derecha tensó la cuerda del arco, como si de un acto reflejo se tratase, para comprobar su elasticidad. Se detuvo intentado oír algo que no fuera el sonido de la lluvia pero no lo consiguió.

Había dejado atrás un impresionante abrigo horadado en la piedra arenisca cuando escampó. De repente oyó algo a su derecha y se detuvo en seco, se quedó quieto. Sin girar la cabeza, con la mirada escudriñó la maleza hasta que localizó el origen del ruido. A una treintena de metros… una cierva y su cervato ramoneaban en un claro del bosque.

Ni le habían visto, ni le habían oído, es más… ni siquiera le habían olfateado. Se agachó lentamente hasta ponerse casi en cuclillas y ajustó el emplumado de la flecha en el tendón que tenía montado en su arco. Estiró dos veces y comprobó su magnifica elasticidad y resistencia. Una vez más comenzó a llover, esto le beneficiaba ya que la lluvia disimularía el sonido de sus pasos en la hojarasca. Agachado se aproximó todo lo que pudo hasta quedar oculto tras un espeso matorral.

Con su mano izquierda agarró firmemente el arco y con la derecha tensó la cuerda. Respiró profundamente y disparó sin apenas apuntar su flamante flecha de punta de sílex.


Cuaderno de notas:

2014. Segundo día de otoño. Tiempo de berrea. Nos hemos adentrado en unos parajes boscosos donde afloran unas llamativas formaciones de piedra arenisca.

Caminar en fila india por el bosque con la mochila a la espalda bajo la lluvia, atravesar rincones casi mágicos que parecen estar hechizados, ese olor a tierra mojada, el sonido de las gotas de agua al chocar en la hojarasca, ese amenazador cielo de color gris plomizo, ese silencio sepulcral previo al aguacero…

Momentos únicos y sensaciones muy personales que me han empujado a pasar a limpio unas anotaciones y aderezarlas a modo de breve relato.

A Marta.

 

 

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2 respuestas a Bajo la lluvia

  1. antonio dijo:

    Fantástico carlos, me sorprendes de nuevo con tus fotografías y tus dotes de escritor, nadie te ha dicho que podrías explotar esas cualidades. un saludo .

    • sotosendero dijo:

      Gracias Antonio por tu comentario. Lo que me comentas, los amigos ya me lo dijeron antes, pero si te soy sincero… no sé cuál es el camino a seguir. Ahí es donde tengo… lagunillas, por así decirlo. UN SALUDO

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