Simancón semana 24

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Conseguí convencer a tres buenos amigos para que me acompañaran a ver qué flora moraba en aquellas alturas por estas calendas. Para llegar a la cúspide debíamos superar por lo menos dos tediosos repechos y quería pasarlos antes de que apretara el calor.

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En estas fechas El Puerto de las Presillas se muestra como un auténtico vergel engalanado con multitud de florecillas de infinitas tonalidades. La primera que nos cautiva es la amapola de Grazalema en el mismo sendero. Papaver rupifragum.

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Un poco más arriba nos hacemos la consabida foto de grupo en esa piedra que cada vez que pasas por allí ella misma te sisea para que te subas encima a hacerla. Mis colegas dicen que mucho me repito mas por estos lares en cierta ocasión me cayó una nevada…

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En frente nos contempla el Tajo Daleao, impasible, majestuoso. Cuanto más nos acercamos a él más me apetece subir por esa ladera de suave inclinación, de hacerlo por ahí llegaríamos mucho antes al Llano de la Balsa. Lo echamos a suertes y gana la opción inicial de seguir adelante por el sendero, nada de hacer la cabra, para empezar porque ninguno nos hemos traído las pezuñitas.

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Dicho y hecho, seguimos por el sendero un cuarto de legua más y giramos a la izquierda. Iniciamos la subida sin sendero definido, procurando avanzar sobre las piedras, a veces dando brincos de una en otra, de esta forma caminamos prestos.

Tan rápido vamos sobre las piedras que a poco hemos estado de no visitar una sima que por aquí existe. Posee dos agujeros de entrada y creo recordar que en cierta ocasión ya nos comentaron que a pesar de su amenazadora boca no era muy profunda.

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Unos metros más arriba ya estamos en ese llano que llaman de la Balsa en cuyo centro aún perduran los restos de un enorme pozo de nieve ya colmatado.

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Una interesante formación pétrea hace las veces de oteadero, me he subido encima buscando alguna especie interesante y he localizado una jarilla de delicados pétalos amarillos, podría ser Helianthemum hirtum pero lo cierto es que no estoy seguro.

Creo recordar de otras ocasiones que anduve por aquí que la angarilla estaba detrás de unos majoletos que precisamente ahora tenemos delante, en el mismo borde del llano. Cierto, ahí está, nada más sortear la angarilla el sendero ha dejado de serlo. Nos movemos por encima de piedras de afiladas aristas y ponemos especial cuidado en no tropezar.

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Ha sido adentrarnos en este lugar y comenzamos a localizar especies interesantes, me llama la atención una de tonalidades amarillentas muy esbelta. Presto me he tumbado sobre las piedras, incluso a sabiendas de que en estos parajes moran tímidas víboras. Mientras Selu aguanta el difusor le he disparado dos veces jugando con la profundidad de campo. Erysimum rondae.

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Entre las altas gramíneas, un poco más arriba, Pepe me ha señalado un nazareno, otra de las especies que andamos buscando. Recuerdo haber visto grandes concentraciones en la cima hacia donde nos dirigimos y dejo esta especie para fotografiarla allí arriba. Muscari atlanticum.

A la que no le dado la oportunidad de escabullirse ha sido al ajo de Grazalema. Esbelto, vigoroso, de blanco casi inmaculado. Me encanta el fondo de tonalidades verdes que lo decora detrás y no pierdo la oportunidad, Clic. Ornithogalum reverchonii.

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He puesto la mano sobre una piedra para tomar impulso, al incorporarme ya tenemos delante la impresionante mole caliza que es el Simancón, nos llama la atención su forma alomada. Parece que está ahí mismo pero nada más lejos de la realidad, aún nos queda un buen trecho.

El calor aprieta y aprieta tanto que nos hemos detenido a la sombra de un pino a tomar un refrigerio.

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Nos adentramos en una zona donde la palabra sombra no existe. El arbusto predominante es el rascaviejas. Sus hermosas flores amarillas ponen la nota de color a la seria caliza. Adenocarpus decorticans.

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El sendero zigzaguea manteniendo la misma cota, unas veces por encima de las piedras y otras entre las altas hierbas. Seguimos los hitos de piedra que marcan el camino, de no ser por ellos habríamos tardado mucho más en recorrer este paraje. El menor despiste del que abre la marcha nos puede acarrear una importante pérdida de tiempo, y tenemos muy presente que nuestro objetivo es llegar cuanto antes a la cima. Antes de que el calor sea insoportable, que lo será.

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Hemos cruzado esa zona donde la vegetación predominante es el cojín de monja y acometemos el asalto final a la cumbre. Ahora ya solo resta subir y subir.

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A medio camino hemos localizado una especie más que interesante, se trata de un ciruelo de pequeño porte que parece brotar de entre las piedras y que es el único que osa habitar en estos desolados parajes. Prunus prostrata.

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En la cúspide de esta montaña tan emblemática habita un auténtico enjambre de pequeños seres alados, desde bellas mariposas hasta moscas pegajosas pasando por avispas, avispones y otros pequeños seres que no me atrevo a catalogar, lo miras detenidamente y asemeja un Serengueti a pequeña escala.

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Ahí he conseguido fotografiar a la especie de nazarenos que andábamos buscando y que ya vimos mucho más abajo. Todos están ocupados por algún insecto polinizador. Hay dos que me llaman la atención, mientras Selu me sostiene el difusor les he disparado.

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Y resulta que arriba no se puede estar, el calor es insoportable y además tienes que mantener la boca cerrada para evitar tragarte alguna que otra mosca. Pero nada nos amilana para hacernos una foto de grupo.

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Levanto la cabeza y allí están Javier y Pepe esperando que nosotros dos saciemos nuestra sed botánica. Y ahí permanecen estoicos soportando un sol de justicia, muy de agradecer.

Leo detenidamente mis anotaciones y compruebo que hemos tenido la tremenda suerte de localizar en plena floración todas las especies que habíamos venido a buscar, y alguna que otra más.

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Ha llegado el momento de abandonar estos desolados parajes, la bajada ha sido frenética, tanto que para fotografiar a una planta que mora solitaria en una grieta ni tan siquiera me he detenido. Cerastium gibraltaricum.

Volveremos.

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Simancón – 1.569m – Semana 24.

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2 respuestas a Simancón semana 24

  1. Selu dijo:

    Ya va siendo una costumbre subir al Simancón en estas fechas, siempre con su flora peculiar, sus paisajes espectaculares y un enjambre impresionante de “bichos” en la cumbre y siempre siempre con buena gente al lado.

    • sotosendero dijo:

      Esta subida como bien dices se ha convertido ya en una costumbre por estas fechas. Igual que viene sucediendo con nuestras aventuras en Sierra Nevada. Espero que perduren en el tiempo, amigo mío

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