Quedada Bloguera – I

A diferencia de la anterior salida donde dominaron tonos ocres y amarillos en el Valle del Genal, en esta ocasión nos vamos a “jartar” de tonalidades verdes húmedas en las laderas de la Sierra del Aljibe.

No hace ni una hora que he vuelto del campo, me he dado una buena ducha, he quitado el barro a los bajos de mi pantalón de montaña, he introducido periódicos viejos en mis botas empapadas y ya estoy aquí, sentado en el salón de casa, bocetando la crónica. Bien es verdad que todas las salidas al campo son diferentes pero ésta ha sido un poco especial. En esta ocasión hemos organizado una quedada varios amigos blogueros aficionados a esto del senderismo. Una quedada que nos ha tenido más de una semana pendiente del tío del tiempo, …que si llueve, …que si no llueve. Es que organizamos una quedada y empeora el tiempo, de hecho ya nos sucedió en un primer intento antes del verano, empeoró tanto que la tuvimos que suspender.

Durante casi todo el día de ayer estuvieron cayendo grandes trombas de agua de forma intermitente. Hasta altas horas del sábado, víspera de la salida, hemos estado dudando de si nos echábamos al monte o no. Los servidores del “feisbuk” se han sobrecalentado con nuestra frenética mensajería.  Que sí, que no, que sí, que no. Definitivamente hemos decidido salir al campo, o por lo menos intentarlo, ¿quién ha dicho miedo?.

Hemos quedado a las 9:00 horas en el centro de visitantes del PN los Alcornocales, primero con la intención de desayunar, después… ya veríamos. Hemos elegido este lugar en concreto por estar situado estratégicamente casi en el centro de la provincia de Cádiz. Los blogueros participantes… pues de distintas localidades de la provincia.

Aunque en un principio la idea era visitar los molinos de Patrite, hemos pensado que debido a las lluvias aquel lugar debía de ser un auténtico barrizal, y la verdad no queríamos volver a casa con una bota menos. Tras el desayuno, salimos del bar, miramos al cielo, nos miramos nosotros y decidimos, por fin, echarnos al monte.

Acaba de llover y la carretera está mojada, el cielo amenazadoramente gris. Atrás dejamos Alcalá de los Gazules y tomamos una sinuosa carreterilla en dirección a “Puerto Gáli” con la intención de dar un paseo por las inmediaciones de la Laguna del Ingeniero. Una espesa formación nubosa impedía ver el Picacho y las altas estribaciones de la Sierra del Aljibe. En esta ocasión no pretendemos alcanzar ninguna cota importante, sólo queremos pasar un rato en buena compañía hablando de nuestra afición en común: el senderismo.

Antes de adentrarnos en la espesura del bosque visitamos un muladar donde pudimos observar varios buitres (Gyps fulvus), uno de ellos relativamente cerca. Otros con sus alas extendidas intentaban secar sus plumas completamente mojadas. En un lugar despejado varias reses muertas y una bestia, que podría tratarse de un mulo, yacían para dar sustento a estas omnipresentes aves necrófagas. Omnipresentes porque cuando recorres un sendero, aquí en la provincia, es raro que no las observes sobrevolándote allí en las alturas.

Volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a la carretera, seguíamos sin poder ver la cima del Picacho. Cruzamos una angarilla en el margen derecho de la carretera e iniciamos una ligera subida por un terreno desprovisto de vegetación arbórea. Un escuálido sendero por donde bajaba el agua como si de un arroyo se tratase.

Sobre nuestras cabezas un amenazador cielo nuboso y a nuestro alrededor un entorno completamente empapado. Lleva lloviendo varios días y este lugar parece una esponja, pisas y el suelo escupe agua. De pronto nos adentramos en un bosque de alcornoques de pequeño porte, allí tuvimos que poner varias veces la rodilla en tierra para fotografiar las abundantes setas.

Llegamos a una zona despejada donde unos becerros pastaban, aquí el fango nos obligó a cambiar de rumbo con la intención de alcanzar una cota más alta, supusimos que cuanto más arriba menos fango, y así resultó ser.

Sobre una roca nos topamos con una ranita meridional (Hyla meridionalis) y comenzamos nuestra particular sesión de fotos. Nuestro personal e intransferible trío de jóvenes exploradores, Juan, Pablo y Juanca, localizó una escolopendra de enormes proporciones, más adelante Pablo también nos mostró un pequeño y aterido escorpión… y allá va sesión de fotos. Le sugerimos que no nos mostrara nada más ya que de seguir así nunca llegaríamos a nuestro destino, de hecho si se lo propone es capaz de aparecer hasta con un buitre leonado cogido por el cuello, estamos seguros de que si recorriéramos Yellowstone nos sorprendería con el oso Yogui en brazos.

Dejamos atrás una nueva angarilla y nos dimos de bruces con una carretera muy estrecha, la cruzamos y volvimos a adentrarnos en el bosque, junto a una enorme piedra de arenisca nos entretuvimos fotografiando unos helechos. Continuamos con nuestro deambular por aquel bosque húmedo. Enfrente nuestro se erguía el Picacho, del que seguíamos sin poder ver la cumbre. Una masa nubosa lo cubría a media ladera dándole al lugar un aspecto fantasmagórico. A su derecha, extensos bosques de pino cuyas copas aparecían tímidamente entre la niebla. Allí arriba, en el límite de las nubes observamos a un grupo de senderistas que intentaba alcanzar la cima.

Intentamos seguir subiendo pero comenzó a llover copiosamente de tal forma que nos obligó a encasquetarnos los impermeables apresuradamente. Ante esta situación desistimos de nuestra idea de ascender por la ladera de aquel bosque húmedo e intentamos bajar hasta una cota inferior. En aquellos lugares estaba teniendo lugar la lluvia horizontal, una lluvia que se encarga muy bien de empapar vegetación y fauna, piedras y personas. Líquenes de varias especies tapizan piedras y troncos. Dejamos atrás un impetuoso arroyo y un alfanje, testimonio de antiguos oficios ya casi olvidados. También localizamos un horno casi oculto por las zarzas.

Bajamos por aquel sendero arenoso por el que corría el agua buscando un arroyo a nuestra izquierda. Todos estos pequeños cursos de agua, unos impetuosos y otros no tanto van gestando un río importante de la provincia, el Barbate. Anduvimos sobre unas enormes piedras areniscas húmedas y peligrosamente resbaladizas hasta llegar a un puente de madera salvando un arroyo que bajaba como un torrente. Las adelfas decoraban ambas orillas y un poco más allá unos alcornoques castigados por la “seca”  permanecían maltrechos e impasibles esperando su destino final: la tala.

Continuamos con nuestra bajada y llegamos a un cruce, a nuestra derecha el sendero de Puerto Oscuro y al frente otro que nos conduciría hasta nuestro siguiente destino: la Laguna del Ingeniero. Por estas calendas y debido a las fuertes precipitaciones aparecía llena de agua a rebosar. Hicimos las fotos de rigor con el Picacho, o lo que era visible de él, reflejado en la lámina de agua de la laguna y proseguimos nuestra andadura.

Decidimos almorzar en una de las mesas de un área recreativa cercana. Allí dimos buena cuenta de nuestras viandas. Selu sacó de su mochila dos tipos de queso payoyo, a cuál más sabroso, Kiko unas morcillitas y lo regamos todo con un vinito de José Manuel, un vinito de Jerez, como no podía ser de otra forma, que nos endulzó el paladar. Y allí estábamos nosotros nueve: Juan, Pablo, Juanca, Selu, Juan Manuel, Kiko, José Manuel, Paco & me hablando de nuestra apasionada afición por la naturaleza en general y del senderismo en particular. Narrando experiencias de nuestras salidas al campo y planificando algunas de las muchas que nos quedan aún por hacer. Unas salidas al campo que nos harán vadear arroyos, subir montañas, cruzar bosques, recorrer recónditos parajes, visitar solitarias fortalezas, unas nazaríes y otras non,…

Tras la ingesta, mientras  recogíamos  la mesa, en el cielo pudimos ver como nos sobrevolaban aquellos buitres leonados que al inicio del sendero estaban con sus alas extendidas intentando secar sus plumas. Volvimos a los coches, fue acomodarnos en ellos y comenzó a llover torrencialmente.  Esta lluvia nos cogió por sorpresa, al hombre del tiempo me imagino que también, de hecho no estaba ni prevista. Por estos lares todo es imprevisible, ora llueve, ora está despejado. Parece que estamos en el trópico, no sin razón a este lugar algunos lo califican como la última selva virgen de Europa.

Pusimos rumbo al centro de visitantes del PN los Alcornocales, lugar donde esta mañana temprano, todo comenzó. Aquí tomamos un cafelito acompañado de un dulce típico de Jimena, del que no recuerdo su nombre, y continuamos con nuestra charla. Al fin llegó, muy a nuestro pesar, la hora de entonar “elpobredemí”.  Juanma aprovechó este momento para obsequiarnos con una Guía Etnobotánica del P.N. del Estrecho, muy de agradecer. Apretones de mano y un “nos vemos”, tras esto una agradable sensación nos embargó a todos, la de haber pasado una jornada irrepetible acompañado de amigos compartiendo una afición en común: la naturaleza.

Todo este contenido también está disponible en mi WEB de senderismo

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10 respuestas a Quedada Bloguera – I

  1. Selu dijo:

    Lo pasamos bien: naturaleza, fotografía y buena compañía. Hay que repetirlo.

    • sotosendero dijo:

      Estoy de acuerdo contigo, hay que repetir, porque como narro en la entrada:

      “Unas salidas al campo que nos harán vadear arroyos, subir montañas, cruzar bosques, recorrer recónditos parajes, visitar solitarias fortalezas, unas nazaríes y otras non,…”

  2. dCaminata dijo:

    Perfecta Carlos. Escribes muy bien, y en las fotos sacas a la gente muy natural, y mira qué es difícil eso. Enhorabuena.

  3. Jose Manuel dijo:

    No se te pasa un detalle en tus relatos Carlos. Si hubieras vivido en la edad media serías un buen escribano montesino (o esto es un pájaro?).

  4. Esta vez los protagonistas de la entrada sois vosotros los blogueros. Os ha quedado muy bien los diferentes reportajes poniendo el enfoque en las personas de este encuentro, la naturaleza queda en segundo plano, de telón de fondo. Se percibe que lo pasasteis genial, enhorabuena. Saludos.

  5. El Camaleon dijo:

    GENIAL , como siempre
    Reportaje excepcional y cronica estupenda, como disfrutais de la naturaleza.
    saludos

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