Expedición botánica

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Amanece. El sol ha ido tiñendo de tonos sepias la cima de la montaña que tenemos delante. Aquella caliza ha dejado de ser por unos instantes grisácea y quiere ser bermeja. Cielo azul, despejado. Tonalidades.

A esta hora el campo huele diferente. Doy un trago de agua y noto que… sabe distinto. Casi llego a palpar la calma que inunda estos parajes, nada se oye en los bosquetes de encinas que nos rodean, ni tan siquiera el ajetreo de los pajarillos. Sensaciones.

Hace una semana que llegó el verano y ha faltado poco para que la primera ola de calor achicharre nuestro querido Sur. De todos modos, tenemos la esperanza de que en esta cota en la que estamos no nos afecte demasiado y si sopla el levante, bendito levante… mucho mejor.

Pues aquí hemos coincidido once intrépidos expedicionarios dispuestos a desafiar esas altas temperaturas en lo más recóndito de unas inhóspitas montañas. A mis pies descansa la mochila, la preparé en casa a conciencia procurando no olvidar nada. De un manotazo he comprobado que el gorro está en uno de los bolsillos del pantalón. Me he colgado mi inseparable cámara de fotos del cuello y…

Te invito a que me acompañes en una nueva aventura, en esta ocasión de la mano de la Sociedad Gaditana de Historia Natural.

EXPEDICIÓN BOTÁNICA

Es muy temprano, tanto como que el sol aún no calienta. Está atrás, a nuestra derecha, inundando estos parajes de una agradable luz. Caminamos en fila india por un sendero que nos llevará a lo más alto de estos parajes.

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La expedición ha comenzado en la vertiente malagueña de la Sierra de los Pinos. Nuestro primer objetivo es llegar al límite provincial, en la misma crestería, y desde ahí acceder a la vertiente gaditana.

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Este sendero entre las encinas nos ha hecho perder el resuello y nos detenemos de vez en cuando para recuperar el aliento. En una pequeña hondonada, donde existe un pinsapo de unos dos metros de altura, hemos localizado una orquídea. No hay mucha luz, pero le he disparado Epipactis tremolsii

Un poco más arriba, el té de monte salpica el mismo borde de sendero, y muy cerca localizamos también un orobanche pero no conseguimos averiguar qué especie parasita.

A medida que vamos cogiendo altura el paisaje es más grandioso. Nos detenemos de vez en cuando e identificamos de viva voz y señalando los picos que oteamos.

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Nos abrimos paso entre piornos y pendejos. A nuestra derecha, lo que queda del último pinsapo de regeneración natural que moró en esta vertiente malagueña de la Sierra de los Pinos.

En frente, en la lejanía, identificamos las cumbres más altas de Cádiz. Ya queda muy poco para llegar al límite provincial, unos metros adelante llegaríamos a la cresta de esta sierra en la que nos movemos.

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Una vez al otro lado nos acercamos a un promontorio que se erige como una fortaleza dominando aquellas alturas. Desde aquel oteadero las vistas son espectaculares. La agradable luz de la mañana realza la belleza de aquellos parajes.

Garganta de Barrida, Sierra de Ubrique, Cardela, Sierra de la Silla, pantano de los Hurones, Sierra de la Cabras, Albarracín y muchos más topónimos han aflorado en mi cabeza. Incluso identificamos la Sierra de Gibalbín en la lejanía.

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En aquel lugar privilegiado nos hacemos la foto de grupo. El Levante sopla y nos refresca. Entonces caigo en la cuenta de que no es el mejor día para fotografiar plantas tallicortas

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Antes de iniciar la bajada por aquella ladera escarpada nos detenemos a identificar un ejemplar de Cerastium. Avanzo unos metros entre los piornos e intento captar aquel momento con mi cámara.

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Pasamos junto al lugar donde sembramos pinsapos hace unos meses y comprobamos, con satisfacción, que algunas semillas han germinado. Otra cosa bien distinta es que las plántulas salgan adelante en este tórrido verano. Ni tan siquiera atinamos a evaluar el porcentaje de éxito.

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En vez de seguir bajando decidimos avanzar por la ladera manteniendo una misma cota de algo más de 1.300 metros. Echo la vista atrás y entonces soy consciente de la verticalidad de aquellos parajes. Una ladera inclinada como pocas poblada de gramíneas y piornos. En la lejanía, la difusa silueta de muchas montañas e identifico la Salamadre.

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Vuelvo a lo que es nuestro cometido, a lo que nos había traído aquí, y compruebo que mis compañeros de expedición también están embelesados con la grandiosidad del paisaje. Ante nosotros el Puntal de la Raya, éste y el Salamadre los conquistamos en esta temporada de senderismo que está dando sus últimos coletazos.

Caminamos esquivando piornos e intentando no resbalar por aquella ladera que más bien parece una casquera. Unas traicioneras piedras esperan cualquier descuido para hacerte caer y hemos puesto los siete sentidos en evitar que esto ocurra.

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Me detengo un momento y sin quitarme la mochila me apoyo en una piedra. Allí estuve un momento, tranquilo y relajado. Miro abajo y veo cómo dos compañeras de expedición están atareadas intentando identificar no se qué especie, entre las gramíneas.

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Ante nosotros se presenta una formación rocosa que asemeja una puerta. Y pienso que bien podría tratarse de la puerta de acceso a parajes muchos más interesantes. El jefe de expedición, que me precede, me contagia su entusiasmo y sin pensármelo dos veces… le sigo, y a mí me sigue otro… y otro… y otro. Y casi todos franqueamos aquella puerta sin bastidores.

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Al otro lado impresionantes formaciones rocosas se erigen cual estandartes de la agreste belleza del lugar. La agradable luz de la mañana contribuye a realzar los matices de estos parajes.

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Hemos llegado al borde de un cortado que asemeja un circo como el del Dornajo. Unos estratos casi alineados decoran la caída que tenemos enfrente. Una alambrada recorre la cresta y detrás… el Aljibe y el Picacho.

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Hemos rodeado la formación pétrea hasta llegar a su extremo opuesto. En aquel lugar capto el momento en que mi amigo Selu fotografía un erodium en el mismo borde del abismo.

Detrás… Puntal de la Raya, Sierra del Endrinal, Sierra del Pinar y muy lejos… muy lejos, Cerro Malaver, Peñón del Gastor y ya en la provincia de Sevilla, el Terril.

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Optamos por tocar cima y vamos subiendo entre los piornos. De vez en cuando nos subimos a las enormes piedras y avanzamos presto desafiando las altas temperaturas, y es que ya ha empezado a hacer calor.

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Sabemos que arriba existe una angarilla por la que podremos pasar al otro lado, a Málaga. En nuestra subida rastreamos las fisuras de las enormes piedras que salpican la ladera intentando localizar alguna especie interesante.

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En la cima de la Sierra de los Pinos, a 1.395m. de altura, nos hacemos una foto de grupo o de lo que quedaba de él. Y es que… todos no habíamos franqueado aquella puerta sin bastidores que nos había llevado a visitar unos lugares agrestes como pocos.

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Vamos bajando entretenidos con la majestuosidad del paisaje. Nos llama la atención el dorado de Los Llanos de Líbar. Cada vez que subo aquí llego a la misma conclusión: Soy un auténtico enamorado de la agreste belleza de estas montañas.

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Y ha llegado el momento de entonar el “pobredemí”, la hora de abandonar aquellos parajes y comenzamos a bajar por la ladera. Allí, en cotas inferiores, nos espera el sofocante calor de nuestro querido Sur.

Ahora que he terminado de redactar esta crónica, pues… debería relacionar escuetamente las especies que conseguimos localizar. Y en eso estoy

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13 respuestas a Expedición botánica

  1. AGL dijo:

    Magnífico reportaje y extraordinario relato. Felicidades.

  2. Ignacio y elena dijo:

    Gracias por la crónica y la compañía. Fue un placer compartir con vosotros una velada bien suministrada, ruidos nocturnos y el paseo temprano por lugares solitarios y llenos de sorpresas.

  3. Javier dijo:

    Sana envidia la que me dáis. Siento tanto el no poder haber compartido tanto disfrute… ¡Que belleza de paisajes! Que lujo el sitio donde nos ha tocado vivir.

  4. Selu dijo:

    Chapó amigo Carlos.

  5. JR dijo:

    Me pone los dientes largos, una crónica maravillosa.

  6. miguel dijo:

    Ha sido para mi una muy agradable sorpresa ir descubriendo, cómo este pequeño equipo disponía de tan importante conocimiento del medio natural y manejo de medios para captar parte de su información y belleza.
    Carlos, un placer disfrutar de tu veteranía.

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