Pistorinia breviflora

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Giró la llave y abrió, en ese momento supo que dentro había alguien. Cerró la puerta sin volverse y cruzó el vestíbulo. Se detuvo, le llamó la atención una bolsa negra de basura al final del pasillo. Extrañada avanzó hasta ella, comprobó que estaba bien cerrada con un nudo y la sopesó,…no supo qué demonios había dentro.

Unas cuantas horas antes

Y allí estábamos los tres, esperando a que llegara Paco. Con los codos apoyados en la fría barra del bar. Escuchando al locuaz ventero que nos refirió que una vez vinieron gentes de muy lejos a buscar una planta amarilla que sólo había por aquellos andurriales, y que la llamaban Hiel de la tierra. Y nos explicó más o menos por dónde estaba, después nos dijo que era de color rosa y que…

Y en ese preciso momento dejamos de apuntar, nos salimos afuera y nos sentamos en el patio alrededor de una mesa de las de jugar dominó. Que si tostada…, que si café…, y nos metimos entre pecho y espalda un desayuno de los de “verdá”.

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Abandonamos aquel bar decorado con almanaques de cacerías y nos subimos al coche aparcado a la sombra de un “calistro” cabezón. Avanzamos por las tranquilas calles de la pedanía hasta que todo fue campo, ciclistas iban y venían por la estrecha y sinuosa carreterilla. Unos cuantos kilómetros más allá estacionamos en la cuneta.

Trasteamos en el maletero y nos echamos encima todos esos artilugios que nos acompañaban siempre, que si mochila, que si trípode… avanzamos por la carretera durante más de un kilómetro hasta que Paco nos señaló donde estaba nuestro destino. Seguimos caminando por el duro asfalto y llegamos a la puerta de la finca.

Accedimos y me giré para echar el cerrojo a la cancela, a esto que un coche de campo se detuvo en medio de la carretera. Resultó ser el dueño y nos preguntó que si íbamos a ver la tumbas, le contestamos que sí y nos dio su permiso. Eso sí…, nos hizo especial hincapié en que dejásemos las angarillas tal y como nos las fuéramos encontrando. Todavía nos seguimos preguntando cómo apareció por arte de birlibirloque el dueño de la finca en el preciso instante en el que abríamos la cancela.

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Y una vez dentro, Paco echó mano de su kit de explorador avanzado y nos fue guiando a través de aquel acebuchal salpicado de alcornoques. Llegamos al cauce seco y arenoso de un arroyo y fuimos caminando por él. Me llamó la atención la enorme cantidad de conejos que poblaba aquellos parajes.

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Y subimos una pequeña lomita hasta que llegamos a una formación de arenisca. Fuimos caminando por encima y nos encontramos un grupo de tumbas antropomorfas excavadas en la piedra. Perfectamente alineadas y orientadas al Este, una de ellas mucho más pequeña y otra totalmente colmatada de arena.

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Unos metros más arriba Manuel consiguió localizar varios ejemplares de Pistorinia breviflora, la especie botánica que nos había traído hasta estos apartados lugares.

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En ese preciso instante echamos de menos a Paco, pegamos dos voces y no contestó. José Ramón se quedó allí mientras Manuel y yo nos volvimos a adentrar en el acebuchal con la intención de localizarlo. De vez en cuando lo llamábamos pero seguía sin contestar, nos empezó a preocupar. Salimos del bosque mucho más allá y nos volvimos a topar con la formación de arenisca. Estábamos lejos de donde vimos las tumbas y ahí caímos en la cuenta de lo grande que era la laja.

Nos volvimos a subir a la formación rocosa, Paco seguía sin aparecer y Manuel optó por tirar de las nuevas tecnologías, mediante un conocido sistema de mensajería consiguió contactar con él y supinos que estaba con José Ramón.

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Una vez reagrupados nos dedicamos a nuestros menesteres. Establecimos un perímetro a modo de “lugar de trabajo” donde estaban localizadas tanto la especie protagonista como otras no menos interesantes de aquellos parajes.

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Me descolgué la mochila y busqué en el interior mis socorridas rodilleras. Me las coloqué más rápido que “ojú”, y allí estaba el tío pareciendo un patinador sin patines, ataviado de tal forma que cualquiera que me hubiera visto se habría preguntado que de dónde puñetas me habría escapado.

Y es que cuando comentas que usas rodilleras para “afotar” plantas… Uhmmmmm, cuando las probéis… me contáis. Anda que no estoy contento con mis rodilleras… y mis rodillas…, más.

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Comenzamos con nuestra peculiar forma de intentar captar con el objetivo de nuestra cámara aquellas especies. Y allí que desplegamos trípodes y adoptamos posturas de todo tipo, cómodas e incómodas. En algunas mirabas por el visor aguantando la respiración hasta que te faltaba el aliento, en otras te tendías en el suelo a sabiendas de que podías ser presa fácil de garrapatas y otros seres…, pero no importaba. Y es que…una afición es una afición.

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El objetivo de mi cámara captó a Manolo y Paco rodeados de todos sus artilugios y cachivaches en el preciso instante que estaban atareados con un pie de Pterocephalidium diandrum

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Miré alrededor y me llamaron la atención las formaciones tan curiosas que salpicaban aquella laja. Se trataba de formaciones pétreas casi esféricas, algunas de ellas incluso provistas de pedestal. La erosión había hecho allí de las suyas esculpiendo obras de arte un tanto peculiares.

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Y en aquel paraje estuvimos un buen rato soportando un sol de justicia, nos caía el sudor por la mejilla pero la experiencia mereció la pena. Nos encontrábamos en nuestra salsa, cuatro amigos compartiendo una afición común. En la parte alta de aquella laja nos hicimos una foto de grupo, y salimos de esta guisa, …para el recuerdo.

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Miramos el reloj y caímos en la cuenta de que había llegado el momento de volver. Bajamos de la piedra y nos desplazamos por el lecho arenoso del arroyo. A la sombra de un acebuche José Ramón localizó un pie de Biarum arundanum, y allí que comenzamos de nuevo con nuestros rituales. Salimos a un clarito del bosque y vimos muchos más ejemplares, ya teníamos para elegir, éste me gusta…, éste no me gusta…

Y en eso estábamos cuando miré mis pantalones y vi unas cuantas garrapatas que me intentaban tomar al asalto, como a los castillos. Me las quité y volví a quitarme más, y más. Había que irse de allí como fuera, eran como una plaga. Pronto dejamos a un lado la afición a la fotografía y salimos de aquel claro, salimos de la finca y llegamos a la carretera. Allí bailamos por bulerías y cantamos por peteneras, su puñetera madre. Pegabas un zapatazo en el asfalto y caían garrapatas. Entonces decidimos mirarnos unos a otros para localizar a los incómodos asaltantes, pero sin que surgiera el cariño.

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Volvimos al bar de los almanaques de cacería, y otra vez sentados en la misma mesa de por la mañana nos tomamos una cerveza fresquita y comentamos el buen rato que habíamos pasado en aquel apartado lugar, bajo un sol de justicia, pero en muy buena compañía.

Paco pegó un zapatazo en el suelo y volvieron a caer más garrapatas, nos miramos, sonreímos y a punto estuvimos de espulgarnos unos a otros… como los papiones.

Y aquí termina la crónica de una breve expedición botánica, que espero no sea la última.

 

Golpeó la puerta del baño y cesó el ruido de la ducha.

–     ¿quién anda ahí? – preguntó alguien al otro lado.

–     Soy yo, uhmmmmm…. ¿y esta bolsa de basura…?

–     ¡¡¡No la abras… acabo de llegar del campo y he metido la ropa dentro… tiene garrapatas!!!


Sólo me queda añadir el enlace a los blogs de mis compañeros de expedición

arasdesuelojr.blogspot.com.es

– chusay.blogspot.com.es

– floragaditana.blogspot.com.es

florasilvestrechiclanera.blogspot.com.es

 

 

 

 

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8 respuestas a Pistorinia breviflora

  1. JR dijo:

    Faltó la foto de los paraguas, jajajajaja. Que sepas que me ha encantado. Un abrazo.

  2. JOSE EMILIO GOMEZ CRESPO dijo:

    Como siempre Carlos tan ilustrativo, me encantan tus salidas y tus fotos.
    Gracias por compartir.

  3. charomora dijo:

    Buenas noches: Estupenda entrada, como siempre.

    No tiene comparación con tus garrapatas, pero este fin de semana me he enfrentado a una de mis fobias, ( el ganado vacuno) he pasado cerca de ellos como jamás he estado de ninguno, a menos de una decena de metros, solo sea por ver paisajes y formaciones geológicas. Es lo que tiene nuestra afición al campo. un saludo. Charo Mora Lopez charomora@ono.com http://www.charomora.es http://naturalesenclaseyencasa.blogspot.com.es/

  4. Carlos dijo:

    Vamos a tener que buscar alguna cosita, para estos bichitos. Estupendisima entrada. Salufod

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