de BOTANICA – I

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Si hace unos días fotografiamos narcisos en la Sierra de Líjar, orquídeas en el Macizo de Grazalema y romuleas en los pinares de Chiclana de la Frontera, en esta ocasión nos hemos ido mucho más al sur.

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Mediados de Marzo, la primavera ya está aquí. El proceso de floración de muchas plantas ha comenzado. Este período puede ser tan breve que cuando vas a fotografiar determinada especie, lo más probable… es que hayas llegado tarde.

2015 – semana 11 – ANOTACIONES

En algún lugar de los Alcornocales

“Hace algo de calor, el cielo está despejado y sorprendentemente no corre ni pizca de viento. Vestidos de monte, cargados como mulas y atentos cual pájaro perdiz nos hemos adentrado en estos parajes por una estrecha garganta donde discurre un arroyo de aguas rojizas. A nuestro paso las ranas se zambullen estrepitosamente con ese sonido sordo y seco tan peculiar que producen al chocar con la superficie del agua.

Observo que el ganado retinto mantiene a raya la frondosa vegetación que otrora pobló este lugar, a veces impenetrable. Todavía no hemos visto ni una res pero las enormes majadas de fresca textura que decoran el sendero no dan lugar a dudas.

Hemos vadeado el arroyo en varias ocasiones pero no nos hemos manchado de barro, todavía. En lo más recóndito de aquellos parajes solo se oye el chapoteo de nuestras botas y el incesante ajetreo de los parajillos en la floresta. En una y otra vertiente laderas boscosas que se nos antojan inexpugnables. Aquí y allá surgen caprichosas formaciones de arenisca de la espesura.

El sol se filtra entre las ramas de los árboles y una delicada luz ilumina el suelo del sotobosque, ideal para fotografía. Camino absorto en mis pensamientos, mirando sin ver la hojarasca que tapiza los bordes del sendero cuando de repente me ha llamado la atención una Scilla monophyllos de delicadas flores tan azules como el propio cielo.

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Al agacharme para verla detenidamente he localizado otra especie que me ha hecho olvidar la Scilla, se trata de Reseda phyteuma. Me he descolgado la mochila, he buscado las rodilleras y me las he colocado. He desplegado la esterilla “parabrisascocheparasol” y aquí que me he tendido en medio del sendero.

La diminuta planta de unos 5 centímetros de altura se erige sobre un promontorio arenoso y detrás, como a unos diez metros, está el límite del bosque, ideal para jugar con la profundidad de campo. He clavado mi codo izquierdo en el suelo y he mirado por el visor. La inflorescencia de delicado tono crema y blanco inmaculado es de una belleza indescriptible pero no me acaba de convencer el fondo. Sin perderla de vista me arrastro por el suelo hasta localizar otro de alegres tonos verdes que me parece más idóneo. Sigo con el codo clavado en el suelo, contengo la respiración y pulso el disparador.

Me pongo de rodillas y manipulo los botones de mi cámara para ver las fotos que acabo de hacer. Las voy pasando una a una y me gusta lo que veo. Me incorporo, me cuelgo la mochila, pliego el parasol y seguimos caminando.

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Un poco más adelante localizamos en el mismo sendero muchas romuleas, tantas que parece que se acercan a saludarnos, entre ellas destaca una llamativa Anemone palmata de pétalos muy amarillos, difícil como pocas de fotografiar. De hecho ni lo intento.

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Hemos dejado atrás el arroyo y comenzamos a subir por la ladera. El calor aprieta. Un abigarrado matorral formado por jaras escolta el sendero. Me detengo un momento, recobro el aliento y enfoco los botones florales de una jara que parecen estar a punto de estallar.

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Nos llama la atención una ingente cantidad del pequeñas florecillas de pálidos tonos amarillos que tapiza el suelo, se trata de Xolantha guttata. Hay tantos ejemplares que tengo para escoger, este me gusta… esta no me gusta… el fondo no me convence… Elijo una de ellas que parece tener buen fondo y su corola está dispuesta de tal forma que muestra todos sus pétalos generosamente.

Me tiendo en el suelo con los codos clavados a modo de trípode. Intento enfocar y maldición…no lo consigo. Miro por encima de la cámara y compruebo que la planta sigue ahí, pensé que se había ido. Vuelvo a mirar por el visor e intento enfocarla y… cual es mi sorpresa que enfoco algo que no había visto, algo que había pasado por alto. Acabo de enfocar una auténtica joya botánica, un bello pie de Linaria amethystea. De no más de 3 centímetros de altura se yergue delante de la Xolantha con tono desafiante como diciendo… y a mí, ¿no me haces una foto?

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Seguimos caminando bajo los alcornoques y nos topamos con otra especie de linaria, mucho más grande y de un intenso color amarillo. Hay varias que pueblan el suelo del sotobosque pero hay una que me llama más la atención. El problema es que mora en una grieta en la piedra arenisca, como a tres metros de altura. Pues resulta que después de llegar arriba y bajar apresuradamente desollándome la rodilla no he conseguido hacer la foto.

Hemos salido del bosque y nos movemos por una enorme laja de arenisca. Nos detenemos con las numerosas especies que pueblan aquel lugar.

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Localizamos un ejemplar de Xolantha guttata mucho más interesante que todos los que hemos visto antes. Y allí que despliego toda mi parafernalia, me tiendo en el suelo y consigo hacer una foto que me gusta.

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Hace calor sobre aquella enorme piedra, miramos al cielo y comprobamos que se está nublando. De todos modos no creemos que nos llueva. Seguimos caminando por encima de la laja y me detengo ante un sedum.

Hemos decidido bajar a lo más profundo de la garganta. No existe sendero alguno que nos facilite la labor así que optamos por bajar lo que se dice “campoatravés”. Allí conocemos de primera mano la antipatía del jerguén pero no nos queda otra que seguir adelante. Al salir de aquel espeso matorral parece que nos hemos peleado con un gato… de los grandes.

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Y continuamos bajando cuando entre las ramas de los árboles distinguimos el inconfundible tono rojizo de la piel de la palurda. Llegamos casi a su altura, levanta la cabeza, nos mira tranquilamente, baja la cabeza y continúa con su estricta dieta baja en calorías. Entonces caemos en la cuenta de que esa res, la 319, no es consciente de lo que le adorna la testa.

Ella a lo suyo y nosotros a lo nuestro, ella a pastar hierba y nosotros a fotografiarla. Unos metros más adelante localizamos un pie de aristolochia paucinervis, tan incómoda de fotografiar que ni siquiera me agacho a verla. Hemos llegado al fondo de la garganta y nos movemos rápido bajo la floresta.

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Los alcornoques que pueblan este paraje no parecen estar muy afectados por la seca. Nos llama la atención la ingente cantidad de pequeños quercus que nacen de entre la hojarasca.

Seguimos aguas arriba y localizamos un alcornoque de tronco yacente. Allí sentados, en lo más recóndito de aquellos parajes, nos hacemos una foto. En la tranquilidad de aquel lugar solo se oye el ajetreo de los pajarillos y… nuestras tripas avisando que ha llegado la hora del almuerzo.

Tras dar buena cuenta de nuestro menú de mochila, decidimos seguir adelante con esta peculiar expedition, si podemos llamarla así. Hasta ahora hemos fotografiado todas las especies botánicas en flor que nos hemos encontrado a nuestro paso.

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Vamos subiendo de cota con la intención de alcanzar la cresta de esta ladera boscosa en la que nos encontramos. Salimos a un claro del bosque y casi nos damos de bruces con un desprendimiento. Toda una pared de más de 8 metros de altura se ha venido abajo, la arena ha espolvoreado aquel lugar como si de harina se tratase.

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Comprobamos que para seguir adelante no nos queda otra que pasar por un pequeño arco en esa misma pared derruida, y así lo hacemos.

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Una vez al otro lado seguimos subiendo hasta llegar al territorio de la herriza, dominio del brezo y otras especies arbustivas de pequeño porte. Los alcornoques aparecen dispersos aquí y allá. En este lugar hemos localizado algunos pies de Polygala microphylla. En este punto debo reconocer que a ésta no le he prestado la atención que merece, y es que llevo todo el día poniéndome de rodillas, levantándome, tirándome al suelo, que si el difusor, que si el enfoque, que si me duele el cuello, que si… “ofú que caló”, que si…

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En la crestería, a modo de separación de lindes, existe una pared de piedras apiladas. Llegamos a ella y giramos a la izquierda sin seguir sendero alguno. Aquí sí sopla el viento.

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Miramos al frente y nos llama la atención una oquedad en la pared de piedra. Hacía allí nos dirigimos sin dudarlo esquivando la vegetación a veces antipática.

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Una vez arriba observamos que se trata de un abrigo horadado por la fuerza de la naturaleza. En su interior la erosión ha modelado curiosas formaciones que no dudo en fotografiar.

Optamos por no sortear la pared de piedras para pasar al otro lado y emprendemos el camino de vuelta, aún nos queda un buen trecho por delante. Nos adentramos de nuevo en la floresta y bajamos por la empinada ladera. En la profundidad del bosque solo se oye el ruido de nuestras botas al pisar la hojarasca. Y de repente la estrepitosa alarma del mirlo que huye despavorido.

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Una vez más debemos pasar bajo el arco donde está el derrumbe. Me apoyo en una piedra y la noto suave al tacto, como almohadillada, la miro y compruebo que los musgos la están colonizando… inexorablemente. Texturas.

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Nuestro andar se torna alegre y es que ya solo se trata de bajar y bajar. Hemos alcanzado el fondo de la garganta. Hojas y batracios decoran las rojizas y tranquilas aguas del arroyo. Más texturas.

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Comprobamos que las romuleas han plegado sus pétalos y localizamos una especie que no conseguimos ver por la mañana, se trata de la delicada fritillaria. Abandonamos el lugar cuando cae la tarde y las sombras invaden aquellos recónditos parajes.

Anhelo llegar a casa y comprobar que las capturas poseen suficiente calidad.  Quizás alguna de ellas sirva de modelo a mi intermitente afición ilustradora.”

Calicotome-villosa Cistus-ladanifer erica-arborea Erica-australis

linum-bienne Ornithogalum-ortophyllum Osyris-lanceolata Teline-linifolia the-last

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9 respuestas a de BOTANICA – I

  1. AGL dijo:

    Que reportaje más increible… Felicidades.

  2. charomora dijo:

    Precioso reportaje. Me ha encantado tus fotos. Muchas gracias.

  3. Manuel. dijo:

    Que buena ruta…y que provechosa!!
    Buen trabajo.

  4. Selu dijo:

    ¡Qué de buenas fotos Carlos! Enhorabuena.

  5. José Antonio González dijo:

    Hermosa crónica de hermosas flores.

  6. sotosendero dijo:

    Manuel, Selu y José Antonio, gracias por vuestros comentarios.

  7. jose emilio gomez dijo:

    Excelente reportaje, enhorabuena Carlos para ti y tus compañeros.

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