Torrecilla

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Aquí estoy pensado en un prólogo y un epílogo para aderezar la crónica de mi última salida al campo, y me parece a mí que ésta no los necesita. Mi amigo Miguel, del grupo de senderismo de Chiclana Al-Sendero, me ha invitado a una escapada de alta montaña…, casi “ná”. En esta ocasión vamos a coronar la cima del pico más alto de la provincia de Málaga: El Torrecilla.

Partimos de Jerez muy, pero que muy tempranito…, tanto como que a las seis y media de la mañana y pusimos rumbo a Algodonales. Allí quedé con Miguel y su grupo para desayunar. Mi hijo conducía, yo le atosigaba con esos “exagerados” consejos de padre relacionados con la conducción y Juan contemplaba nuestra continua verborrea acomodado en el asiento de atrás. En varios puntos del trayecto tintineó el termómetro del coche avisándonos de riesgo por hielo, y es que hacía un frío…

Llegamos los primeros a la Venta del Arenal, y allí en aquel salón donde la chimenea encendida caldeaba el ambiente nos pusieron por delante un desayuno como los de antes. Habíamos terminado de dar buena cuenta de la tostada y el café cuando comenzaron a llegar los componentes de Al-Sendero. Entre ellos reconocí a Petra y a Carlos, nuestro guía en esta ocasión. Ellos poseen un blog que versa de esta afición que nos ocupa: el senderismo. También me reconocieron, y prestos que nos presentamos unos a otros de una manera efusiva,…éste es mi hijo,…éste es Juan, un amigo, y apretones de manos a diestro y siniestro, y en eso que apareció Miguel, más de lo mismo.

Ya que habíamos terminado de desayunar le comenté a Miguel nuestra intención de seguir el camino y me indicó que les esperásemos en los Quejigales, punto de inicio del sendero, y así lo hicimos.

Allí esperamos la llegada del resto de la comitiva mientras grupos de senderistas bien pertrechados, unos numerosos y otros no, iniciaban el ascenso. Nos abrigamos, terminamos de preparar la mochila y, cuando llegaron los integrantes de Al-Sendero, nos la echamos a la espalda. Encendí la cámara y ajuste sus opciones en la pantalla posterior, enfundé mis manos en los guantes de lana, así fuertemente el bastón e iniciamos la subida.

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Sorteamos el arroyo por un puente de madera y comenzamos la subida por aquella ladera poblada de pinos con el suelo cubierto de un barro helado, resbaladizo y traicionero. Poco a poco fuimos ganando altura.

De repente el bosque de pinos desapareció por completo y, casi sin darnos cuenta, nos adentramos en un prístino bosque de pinsapos de una belleza sublime. Árboles tan altos como una catedral adornaban aquel sendero que subía encajonado por la Cañada del Cuerno.

Enormes troncos muertos taladrados por los pájaros carpinteros se erigían cual estandartes dando fe de la antigüedad de aquellos parajes. Unos metros más arriba nos topamos con la nieve, una nieve que sería nuestra compañera durante toda esta jornada, para bien y para mal.

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En algunos recónditos lugares del bosque la nieve cubría pinsapos, tanto viejos como nuevos. Los rayos de sol se filtraban entre las ramas cubiertas de hielo y nieve iluminando el resbaladizo sendero.

Salimos de la floresta y un serpenteante sendero en la ladera empinada nos llevó al Puerto de lo Pilones. Aquí caí en la cuenta de que era el día idóneo para estar allí, un cielo azul y despejado y un paisaje completamente nevado. El frío me obligó a no desprenderme de ninguna ropa de abrigo en toda la jornada.

Desde aquí vimos, por primera vez, nuestro destino: El Torrecilla. A su derecha y mucho más cercano identificamos el Cerro de la Alcazaba, pico de curiosa silueta. Continuamos por el sendero que discurría entre desnudos quejigos cubiertos de hielo y nieve. El hielo creaba caprichosas formas orientadas al viento en alambradas y matorrales.

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Serían las doce cuando nos detuvimos en un recodo del soleado sendero y protegidos del suave viento frío.

Alguien dijo: “vamos a tomar algo” y allí mismo, a pesar de lo temprano, nosotros tres interpretamos que había llegado la hora de la comida y dimos buena cuenta de nuestro almuerzo. Resulta que cuando llegó verdaderamente la hora de la comida, mucho más tarde, no teníamos nada más que llevarnos a la boca que un poco de chocolate.

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Tras el receso continuamos con la marcha por un cómodo sendero que mantenía una misma cota, dejamos de ver el Pico Torrecilla y fuimos poco a poco rodeando los picos que se anteponían entre él y nosotros. Miramos al este y divisamos Sierra Nevada, blanca, muy blanca.

Nos metimos de lleno en una depresión del terreno, se detuvo el viento y el calor nos calentó la cara y las orejas. Ni esta repentina subida de la temperatura me hizo desprenderme de algo de ropa.

A nuestra derecha el Cerro de la Alcazaba nos estuvo acompañando durante una buena parte del sendero.

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Llegamos al Pilar de Tolox, a los pies del Torrecilla. Una interminable hilera de senderistas, que asemejaban hormigas, subía por la enorme e inclinada ladera con el propósito de alcanzar la cima.

Nuestro grupo se dividió en dos, por un lado los que se quedarían abajo, y por otro los que intentarían hacer cumbre, entre estos nos encontrábamos mi hijo y yo.

Acertadamente dejamos las mochilas abajo y acometimos la subida por una ladera empinada como pocas. La nieve, el hielo y las piedras complicaban el sendero sobremanera. Pero es lo que dijimos, ya que estábamos allí, ¿no íbamos a subir?

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Un sendero errático y muy concurrido en ambas direcciones nos llevaría hasta la cima de 1.919 metros, la cota máxima de la provincia más montañosa de España: Málaga.

Fuimos ganando altura rápidamente y los componentes del grupo que se habían quedado abajo se fueron haciendo más y más pequeñitos hasta que dejamos de distinguirlos.

Iba concentrado en no resbalar y sin ni siquiera en mirar hacia la cima cuando me encontré con Paco Domínguez, mi co-expedicionario en Sierra Murta, saludo y apretón de manos. Me indicó que arriba, en la cumbre, estaba Manuel Limón, otro colega bloguero.

Despedida y un “nos vemos”, y allí que seguí repechando por aquella ladera que casi me hizo perder el resuello. Supuse que mi hijo habría llegado arriba, me precedía Miguel y le comenté que Manuel estaba arriba.

Cuando alcanzamos la cumbre lo primero que hicimos, sin prestar siquiera atención al paisaje, fue intentar localizar a Manuel Limón entre las personas que casi colmataban la cima.

Oí mi nombre a mi izquierda, gire la cabeza y allí estaba él, y eso…, saludo y efusivo apretón de manos. Momento emotivo y es que allí, en todo lo alto, habíamos coincidido varios conocidos y aficionados a esto del senderismo, Miguel, Manuel, Ana, mi hijo,…

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Nos hicimos la foto de rigor no sin antes deleitarnos con el paisaje que divisábamos desde aquella privilegiada altura: la Sierra de Grazalema, Sierra Nevada, Gibraltar, África,… Toda una clase de geografía, sí, de esas del colegio.

A los pies del Torrecilla y encajonado en un profundo valle observamos un bosque de pinsapos que asemejaba un oasis entre aquellas desnudas laderas calizas.

Muy a nuestro pesar llegó la hora de iniciar la bajada y si la subida fue lenta y llevadera el descenso fue rápido y arriesgado. Entre la nieve, el hielo, las piedras sueltas, los perros, el que subía, el que bajaba,…vaya tela.

En el último tramo, mi hijo y yo, decidimos abandonar el sendero que se había convertido en una auténtica pista de patinaje, pero sin patines. Atajamos por la nieve inmaculada que en ocasiones nos cubría los tobillos y así evitamos las peligrosas caídas.

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Bajamos al Pilar y la “expedición” se reagrupo. Ahora sí que había llegado la hora del almuerzo de verdad, pero para nosotros,…sin almuerzo.

Aquel lugar fue el elegido por la mayoría de los grupos de senderismo para dar buena cuenta de sus viandas.

Durante la ingesta volvimos a coincidir varios conocidos blogueros: Carlos, Miguel, Manuel & me. Ni que decir tiene que aprovechamos el momento para inmortalizarlo.

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Carlos, nuestro guía, decidió emprender el camino de regreso, aún teníamos tres horas de marcha por delante. Nuestro grupo se fue estirando y encogiendo a ratos por el sendero de vuelta.

Siguiente destino: el Puerto de los Pilones. Hasta allí nos llevó un cómodo sendero entre un hermoso paisaje nevado. Poco antes de llegar nos volvimos a deleitar con los quejigos helados,…que belleza.

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En el mismo Puerto de los Pilones nos hicimos la foto del grupo y al fondo y muy lejos, el Torrecilla, vigilante.

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Volvimos a adentrarnos en aquel bosque de pinsapos que subimos por la mañana en la Cañada del Cuerno.

Caía la tarde y la temperatura, comenzó a formarse hielo y el sendero se tornó peligroso y traicionero. Muchos resbalaron, algunos hicieron equilibrios para evitarlo y otros bajaron temerosos intentando evitar la repentina caída.

Los tonalidades agradables de la mañana se tornaron lúgubres al caer la tarde en aquel apartado y húmedo lugar, en el bosque sólo se oía el sonido de los bastones al chocar con la piedras del sendero y la nieve que caía de las ramas de los árboles, todos bajábamos en silencio como si de una procesión de penitencia se tratara.

Todos cansados, algunos agotados y la mayoría plenamente satisfechos de la estupenda jornada de senderismo que habíamos disfrutado en aquel hermoso lugar.

Una interminable hilera bajaba por aquel sendero con la intención de llegar al área recreativa de los Quejigales. Dejamos atrás los pinsapos y nos adentramos en el bosque de pinos, aquí el suelo se había convertido en un auténtico barrizal. Tal es así que tanto botas como pantalones acabaron en una bolsa de plástico camino de Jerez.

Bueno, pues ya tengo la crónica casi lista. Ahora viene lo mejor: clasificar las 1.411 fotos de esta inolvidable jornada de senderismo.

Sí, son muchísimas, tantas como que mi cámara de fotos me ha pedido una semana de vacaciones,… uhmmm, que estoy pensando que no se la voy a dar.

Nos vemos en la próxima…

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Esta ruta está disponible de una forma más dinámica e interactiva en mi web personal

Por otro lado ahí están los blogs de algunos compañeros de esta “expedición”

Carlos y Petra

Manuel Limón

Al-Sendero

Que los disfrutéis

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6 respuestas a Torrecilla

  1. Jose Manuel AV dijo:

    Un trozo de alta montaña en plena Serranía de Ronda. Magníficas fotos Carlos. Ese pequeño bosque-oasis de pinsapos que vísteis desde la cumbre es el Pinsapar de la Yedra. El último bosque inalterado de pinsapos.

  2. Ortiz dijo:

    Saludos Carlos, bonita ruta, estampa Navideña, nosotros la realizamos una vez al año, la vuelta por la cañada de las ánimas es muy bonita, y se realiza una circular muy chula, en cuanto a la Altura al pertenecer a Málaga, La Maroma le quita el honor de ser el mas alto, pues tiene 2.065 metros de altura
    saluditos y como siempre unas fotos impresionantes.

  3. Jesús Ortiz dijo:

    Preciosa ruta, que envidia.

  4. dCaminata dijo:

    Estupenda crónica Carlos. Enhorabuena a los tres, a tí,a tu hijo … y a tu cámara. Nunca acabaremos de mostrar nuetro agradecimiento a la fotografía digital ¿Que no?

  5. Salvador Fernández dijo:

    Saludos Carlos.
    Fotos estupendas de un maravilloso día de senderismo, a pesar de que somos malagueños todavia no hemos hecho esa subida. A ver, si volvemos a coincidir. Un cordial saludo. Slvador

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