Betijuelo

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Una nueva especie ha ido colonizando toda la provincia poco a poco, y sobre todo… paso a paso. Sí, se trata del Homo bloguerus senderiensis subsp. gaditanus. Su estructura social viene marcada por la existencia de tribus y clanes más o menos numerosos, grupos no belicosos que interactúan entre ellos en determinadas ocasiones.

Su hábitat es variopinto y puede abarcar desde la alta montaña a las dunas costeras.

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Todas las tribus, grupos y clanes se aglutinan bajo un mismo símbolo circular de suaves tonos ocres. De marcadas costumbres diurnas el inicio de su actividad comienza un poco antes del amanecer, y termina… bueno. Después al final…, diré como termina.

Nuestro clan se ha desplazado a unas tierras que existen mucho más al sur, unas tierras dominadas por un fuerte viento que modela la naturaleza a su antojo. Nos han dicho que sus costas están bañadas por dos mares distintos, al Este por un mar que han dado en llamar Mediterráneo y al Oeste por un océano de nombre Atlántico.

También conocemos de oídas el nombre de dos jefes tribales de aquellos territorios, uno se llama Juanma y el otro Garry.

Y esto que relato es lo que aconteció en aquella apasionante incursión en unos distantes territorios que nos eran desconocidos.

Y allí que fuimos ocho componentes de un clan del Este a aquellas alejadas tierras del Sur. El día se presentó frío y de cielos cubiertos pero sin riesgo de lluvia.

Debidamente ataviados para la ocasión, con nuestras mochilas, nuestras botas y bien abrigados nos adentramos en aquellos territorios que se nos antojaban inhóspitos donde soplaba un viento de mil demonios.

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Iniciamos la marcha desde un collado junto a la Loma de San Bartolomé y nos movimos ladera abajo por un sendero pedregoso en algunos tramos cubierto de barro.

Tras confundir el sendero en varias ocasiones llegamos a nuestro primer objetivo: la Necrópolis de los Algarbes.

Nos encontramos en un lugar de enterramientos utilizado a tal fin desde la Edad del Bronce, después fue usado por fenicios, romanos y árabes. Se trataba de un yacimiento arqueológico de notable importancia.

Excavadas en la piedra calcarenita observamos la presencia de tumbas hipogeas posiblemente relacionadas con enterramientos fenicios. A estas excavaciones se podía acceder gracias a unos escalones tallados en la piedra.

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Un poco más abajo nos topamos con dos tumbas antropomórficas excavadas en una laja de piedra horizontal, usadas en la Edad del Bronce para la descarnación de los cadáveres.

Y algo más arriba localizamos un dolmen, estructura megalítica de cultos y ritos funerarios ya olvidados.

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Tras la breve visita continuamos con nuestro sendero, dejamos atrás un prado tapizado de hierba fresca, vadeamos un pequeño arroyo, cruzamos dos angarillas y nos adentramos en un bosque de pinos.

Marchábamos en fila india, uno tras otro, y entre las ramas de los árboles vimos lo que nos pareció una enorme duna. Un poco más adelante el bosque se aclaró y observamos cómo una lengua de arena se internaba en el suelo del sotobosque sepultando acículas, hierba y pequeños matorrales. Nos subimos en ella y avanzamos torpemente hasta llegar a una carretera, a un lado una infranqueable muralla de arena y al otro el bosque de pinos que acabábamos de abandonar.

Intentamos escalar aquella pared de arena pero nos fue imposible y seguimos avanzando por el asfalto de aquella carretera.

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El viento soplaba con tal fuerza que los granos de arena nos golpearon violentamente en la cara, todos nos giramos al unísono para protegernos. El viento “despeinaba” la duna y la arena se desparramaba ladera abajo, miramos al frente y no atinamos a ver claramente el final de la carretera.

Entre la arena observamos pinos muertos y secos tras el paso de la duna y otros que esperaban pacientemente su turno como si de una ejecución se tratase. El avance de la duna sepultaba inexorablemente todo aquello que se ponía en su camino. Por fin localizamos un paso donde la muralla de arena tenía menos altura y por allí accedimos a lo alto de la duna.

Un viento de mil demonios nos obligó a proteger cámaras y rostros. Los granos de arena te impactaban con tal violencia que se te quedaban pegados en la cara y te los tenías que quitar con las manos.

Habían transcurrido varias horas desde que nos adentramos en aquellas tierras del sur y todavía no habíamos conseguido establecer contacto alguno con los clanes de aquellos territorios, ni siquiera habíamos visto apostado a un centinela.

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Desde lo alto de la duna nos percatamos de la belleza de estos parajes. Nos habían dicho que esa duna recibía el nombre de Valdevaqueros, a nuestros pies la Ensenada del mismo nombre, la Playa de los Lances, La Sierra de Enmedio y Tarifa, iluminada por el sol. Al otro lado del Estrecho, el Djebel Musá, promontorio calizo de unos 850 metros de altura. Nos habían dicho que en aquellas lejanas tierras se hablaba incluso una lengua distinta.

Después de deleitarnos un buen rato con el hermoso paisaje desde lo alto de la Duna de Valdevaqueros y hacernos la foto de rigor retomamos el sendero. Nos adentramos en otro bosque de pinos y allí, protegidos del fuerte viento y sentados en el suelo sobre las acículas, dimos buena cuenta de nuestras provisiones.

Tras la ingesta pusimos rumbo al este entre unas dunas estables pobladas de juníperos y sabinas. Caminábamos rápido empujados por un fuerte viento que aullaba a nuestra espalda.

Un poco más adelante desaparecieron pinos, juníperos y sabinas dejando paso a unas dunas estables pobladas de gramíneas, en este lugar el viento se tornó frío y húmedo.

Desde lo alto de un pequeño promontorio oteamos la cercana costa rocosa y un mar bravo de color azul oscuro salpicado de espuma blanca.

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Nos alejamos de la costa rocosa y antes de llegar a Punta Paloma comenzamos a subir por una ladera poblada de pinos que recibe el nombre de Los Arenales.

A nuestra izquierda bajaba el Arroyo de los Puercos, encajonado en un profundo desfiladero de lecho arenoso y altas e infranqueables paredes verticales. El desfiladero asemejaba una profunda herida en el bosque.

En algo más de dos kilómetros y medio teníamos que salvar una cota de unos 340 metros hasta alcanzar el Alto de Betijuelo. Y allí que subimos pausadamente para no perder el resuello. Afortunadamente el suelo arenoso y excesivamente blando que entorpecía nuestro andar fue desapareciendo conforme ganábamos altura para dar paso a otro más duro y pedregoso.

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Por fin alcanzamos el Alto de Betijuelo, para acceder a la cima subimos por una inclinada piedra de arenisca y hubimos de poner especial cuidado con el fuerte viento que soplaba con mucha más fuerza. A poco estuvimos de que nos arrojara sobre las piedras de más abajo. Desde la cumbre conseguimos otear la Ensenada de Bolonia. Si pusimos sumo cuidado en subir, ni os cuento el que pusimos en bajar.

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Acabábamos de bajar del vértice y Jose ya tenía marcado un nuevo objetivo: Alcanzar la máxima cota de la Loma de San Bartolomé. Seguimos unos metros sendero arriba y nos detuvimos a reponer fuerzas, tras el breve receso continuamos con la marcha. Pasamos junto a una enorme piedra arenisca de curiosa forma donde el viento moldeaba los árboles a su antojo.

Fuimos ganando altura rápidamente por un cortafuego durante un buen rato, lo tuvimos que abandonar para llegar a la cumbre y accedimos a ésta por un sendero rodeados de jaras pringosas hasta un búnker abandonado, donde nos subimos.

Ni que decir tiene que desde este lugar privilegiado las vistas de la Ensenada de Valdevaqueros eran impresionantes.

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Habíamos alcanzado una de las cotas más altas de aquel lugar y seguíamos sin contactar con los clanes de aquellos territorios. Abandonamos ese lugar y continuamos con la marcha hasta llegar al Pico San Bartolomé de 442 metros de altura.

Desde aquí oteamos la Ensenada de Bolonia, con su impresionante duna, su perpetua Baelo Claudia y su encantadora playa de arena blanca.

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Continuamos por la crestería deleitándonos con el paisaje. En frente teníamos la Sierra de la Plata y a nuestra espalda la Loma de San Bartolomé, ésta se interponía entre nosotros y la Ensenada de Valdevaqueros.

Girabas la cabeza a uno y otro lado y oteabas ambas ensenadas,…bonito lugar.

Iniciamos el descenso a través de un espeso matorral de jaras pringosas. El sendero discurría paralelo a una enorme piedra arenisca de orientación este-oeste que recibía el nombre de Tajo del Búho. Lugar usado por los aficionados a la escalada, y allí que encontramos gente practicando dicho menester.

Caía la tarde y la luz se fue apagando poco a poco. Estábamos a punto de abandonar aquellas tierras del sur y no habíamos conseguido establecer contacto con ninguno de los clanes que las poblaban, bueno… otra vez sería.

Llegó el momento de entonar el “pobredemi” y terminamos la jornada donde terminan la mayoría de nuestras salidas al campo, en una venta tomando un cafelito caliente, en esta ocasión en Tahivilla.

Y allí dimos por finalizada nuestra incursión en aquellas tierras del sur, de parajes dotados de una belleza sin igual dominados por un fuerte viento donde los bosques llegaban al mismo borde de la playa, una playa de arena blanca bañada por un mar bravo e inhóspito.

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14 respuestas a Betijuelo

  1. Lola Muñoz dijo:

    Diios que bonito te ha quedado Carlos!!bonito y simpatico,muchas gracias y hasta la proxima.

  2. garry dijo:

    No hay que tene valo pisha pa veni con el fuerte ventazo de levante… Ja ja ja… En primavera esa es una ruta fantastica…

  3. Enrique Rodriguez dijo:

    Desde el Clan de los “Iptucianos”, os felicitamos por el magnifico resultado de vuestra expedicion.

  4. Luis dijo:

    Estupendas fotos, muy bien narrado. ¿En la segunda foto qué soy? ¿El genio saliendo de la lámpara de Aladino? jeje

  5. Gerardo dijo:

    Que lujo tener así la ruta narrada y en imagenes. Queda para el recuerdo y la posteridad. Desde casa ahora viendolo no parece que hiciera tanto viento. Bueno, nos vemos en la siguiente.

  6. GORI dijo:

    Salir, disfrutar con los amigos, observar las naturaleza, vivir…vivir…buen report carlos!!!

  7. Magnifico reportaje, fantasticas fotos, oye, ¿habéis hecho track de esta ruta para gps? soy de senderismo XANADU Marbella y amigo también de Senderistas Marbella, y hay algunas rutas en Wikiloc pero no cubren vuestro recorrido. Para hacer una quedada con los míos.

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