Pinsapar desaparecido

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Sábado, 21 Febrero 2093

Miró escaleras arriba y le dio pereza tener que subir a pulso todo lo que había recogido en casa del abuelo. De dos en dos fue porteando aquellas pesadas caja de cartón, precintadas. Las dejó en la entrada y se hizo la firme propuesta de clasificar su contenido cuanto antes.

Entonces pensó que estaría entretenida aquella desapacible tarde de sábado. Día oscuro como pocos, llovía con fuerza y el viento aullaba entre las rendijas de las ventanas.

Se preparó un café, dejó la taza sobre la mesa y fue adonde estaban las cajas. Cogió en peso una de ellas y a otra la fue empujando con el pie hasta el salón.

Se sentó y dio un sorbo, miró a la ventana y comprobó que seguía lloviendo. Se acercó una de las cajas arrastrándola por el suelo y con un cuchillo de cocina se dispuso a rasgar el precinto. Se detuvo un momento y cayó en la cuenta de que lo que pudiera encontrar allí bien podría formar parte de su pasado.

Batió las solapas y comprobó que la caja estaba repleta de legajos de papel amarillento, carpetas y algunos libros viejos y manoseados perfectamente alineados, la mayoría de ellos de botánica. Tomó algunas carpetas y fue leyendo sus títulos hasta llegar a una que le llamó la atención: “Pinsapar desaparecido VdR-SGHN”.

Estiró la gomilla de aquella carpeta azul y la abrió. Allí encontró fotografías descoloridas y hojas de libreta arrancadas con numerosas anotaciones a lápiz.  Aquel material bien podría tener más de 80 años. Nadie le dijo antes que su bisabuelo fuera aficionado a la botánica.

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Giró la foto y comprobó que tenía un número anotado en el reverso. Buscó entre las hojas numeradas, localizó la que le correspondía y leyó con detenimiento aquella anotación.

“…por fin hemos conseguido llevar adelante esta expedición varias veces aplazada. Por lo abrupto de esta sierra se ha decidido acometer la subida desde Cortes de la Frontera, municipio malagueño.

Parece ser que el día acompaña aunque hace mucho frío. Con paso firme vamos subiendo por la empinada ladera, portamos unos tubos habilitados por la Consejería a modo de herramienta para sembrar las semillas de pinsapo, nuestro cometido

Entonces supo que lo que leía trataba de algo parecido a una expedición botánica. Le llamó la atención la forma que tenía su bisabuelo de escribir la “a”, como de imprenta, no la había visto escrita antes de esta forma tan peculiar.

Dejó a un lado la foto y cogió otra

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La giró y comprobó que en esta ocasión no existía un número sino toda una retahíla de anotaciones. Las letras se hacían más pequeñas de izquierda a derecha como no queriendo salirse del reverso de la foto. Algunas tan pequeñas que le costó trabajo entender las palabras.

…esta subida nos ha hecho perder del resuello y, antes de salir de la protección de la floresta, nos hemos detenido a recobrar el aliento. La majestuosidad del paisaje nos ha dejado boquiabiertos tal y como refleja esta foto que nos hace José Manuel a Selu y a mí.

Hemos oteado el horizonte identificando la mayoría de los picos, pueblos y sierras que se ven desde estas alturas. Debemos seguir adelante”.

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Cogió otra de las descoloridas fotos y la inclinó para que la iluminara mejor la tenue luz que entraba por la ventana. Le gustó lo que vió, cuatro expedicionarios caminando de perfil ante una línea de montañas. La giró y leyó detenidamente lo anotado por su bisabuelo en el reverso.

Hemos alcanzado la cota superior de esta expedición. Llegamos a una alambrada que delimita dos provincias y a su vez dos términos municipales, a este lado Cortes de la Frontera y al otro… Villaluenga del Rosario. En la lejanía vemos la Sierra del Pinar, en su cara norte se extiende el Pinsapar de Grazalema.

Perspectivas como ésta han dado lugar a considerar erróneamente durante muchos años al Pico San Cristóbal como la cota superior de la provincia de Cádiz, cuando en realidad lo es el Torreón, situado en el extremo izquierdo de la crestería.

Caminamos como empujados por el fuerte viento que azota estos parajes. Debemos pasar al otro lado sorteando la alambrada

Cayó en la cuenta de que la abreviatura “VrD” hacía referencia a Villaluenga del Rosario, pero aún no había conseguido averiguar qué significaba “SGHN”. Sintió unas enormes ganas de seguir viendo aquellas viejas fotografías y de leer las anotaciones escritas en su reverso.

Y decidió hacerlo siguiendo escrupulosamente el orden en el que estaban guardadas.

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“…me he quedado en el muro que delimita las dos provincias. Desde mi posición privilegiada veo como mis compañeros de expedición se aproximan a un promontorio rocoso.

Aquí se ha expuesto brevemente el porqué de nuestra expedición. En esta ladera fue talado en tiempos de la II República un bosque de pinsapos. La verticalidad de estos parajes hizo imposible, en aquel entonces, acarrear los troncos de tal forma que se usaron para carboneo. Triste final para un bosque de nuestra especie arbórea más emblemática.

La intención de la Sociedad Gaditana de Historia Natural es restaurar este pinsapar desaparecido en el término municipal de Villaluenga del Rosario. Y un primer paso consiste en sembrar semillas de pinsapo, facilitadas por la Consejería.

Por fin consiguió averiguar qué significaban las siglas “SGHN”. Poco a poco le fueron cautivando aquellas anotaciones.

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No he sido consciente de la verticalidad de estos parajes hasta que no he comenzado a bajar por la ladera. Pendejos y cojines de monja son de las pocas especies que osan poblar este lugar azotado por el viento.

Bajamos con sumo cuidado para nos resbalar con aquellas traicioneras piedras, incluso así no somos pocos los que hemos caído poniendo la mano sobre los espinosos arbustos almohadillados.

Sigue haciendo mucho frío

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Tan ensimismada estaba con la lectura de aquellas anotaciones que cuando fue a tomar un poco de café comprobó que ya estaba frío. Miró a la ventana y vio como la lluvia salpicada los cristales.

He seguido bajando por la ladera hasta llegar junto al único tocón que queda de aquellos pinsapos que poblaron este paraje. Me llega más o menos a la altura del pecho.

He dado varias vueltas a su alrededor intentado localizar la mejor perspectiva para hacerle una foto. Al final he tenido que sentarme entre los pendejos a sabiendas de que me podía pinchar.

Creo haber hecho una buena foto. Aplicando la regla de los tercios he dejado el tocón a la izquierda y en lontananza se otean las más altas estribaciones de la Sierra de Grazalema

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Me he puesto de pie y para manipular los botones de la cámara me he tenido que quitar los guantes. He disparado al tocón en cinco ocasiones variando los parámetros jugando con la profundidad de campo.

He decidido seguir adelante cuando he oído un ruido a mi espalda, me he girado y he visto a mi amigo Selu junto al tronco… y he disparado. Ni siquiera le he dado el alto.

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El viento no cesa y hace tanto frío que me he tenido que volver a colocar los guantes. También me he ajustado el pasamontañas por encima de la nariz, cual bandolero.

Quieto, relajado y tranquilo, sujeto la cámara con mi mano izquierda. Desde lo alto de la piedra en la que estoy observo a mis compañeros de expedición desparramados por la ladera.

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La lectura de aquellas anotaciones la fue cautivando y le hizo interesarse por la botánica, una ciencia que estaba ahí pero a la que nunca le prestó la más mínima atención.

Cogió otra foto y la giró rápidamente para leer el reverso.

No sé si con esta imagen habré conseguido plasmar la verticalidad de estos parajes. Una cosa sí sé con certeza, soy un enamorado de la agreste belleza de estas montañas.

Dejó la foto sobre la mesa y se quedó como saboreando aquella última frase que acabada de leer. La lectura de aquellas anotaciones la había cautivado, tanto que decidió visitar aquellos parajes descritos por su bisabuelo 80 años atrás.

Miró a la ventana y comprobó que la lluvia seguía salpicando los cristales. Un rayo iluminó la oscuridad de aquella tarde de perros y el trueno que le siguió hizo tintinear la luz de las farolas.

 

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8 respuestas a Pinsapar desaparecido

  1. Jose Manuel AV dijo:

    A ver si tu bisnieta nos saca de la duda, visita la Sierra de los Pinos, y nos dice como están esos pinsapos que sembramos a primeros de siglo.

  2. Manuel. dijo:

    Que arte tienes Carlos…genial, en tu línea.
    Un abrazo.

  3. Selu dijo:

    Coincido con José Manuel, me he quedado con ganas de saber si la bisnieta va a visitar el pinsapar que el bisabuelo ayudó a repoblar… ¡Segunda, tercera y cuarta parte ya!!!.

  4. Kiko dijo:

    Estupendo Carlos. Me gusta mucho esta manera de como cuenta tus andanzas.

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