Lagarín y Las Grajas

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Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza la idea de subir a los Picos Lagarín y las Grajas, en el Gastor. Había pasado cientos de veces por carretera a los pies de estos picos de tan característica silueta y siempre me había sorprendido lo abrupto de sus cortados. Leí con detenimiento una entrada que publicó Pedro Sánchez en su web de El Tercer Tiempo, me empapé de otra de Manuel Limón en su blog y el detonante fue leer una muy reciente de los Trotones de Arcos.

Por fin había llegado el momento de acometer la subida a estos picos que curiosamente no estaban dentro de los límites del Parque Natural Sierra de Grazalema. Fuimos perfilando los detalles de la salida, tras algunas llamadas y más de un mensaje conseguimos concretar hora y sitio, como los duelos. El lugar acordado fue una venta de carretera cerca de Algodonales como a eso de las 9 de la mañana, sábado.

Selu y yo fuimos los primeros en llegar, accedimos a su interior y nos acomodamos en una mesa junto a la chimenea que caldeaba el ambiente de aquel salón. Poco después llegaron Jose, Miguel y Paco. Saludos y apretones de mano. Que si café,…que si tostada, que si cortado, que si…”a mí me pone un bollito”, que si…, que si….

Sentados a la mesa, desayunando tranquilamente junto a esa chimenea que era toda una bendición, aún no teníamos claro si subir antes a las Grajas o al Lagarín. De hecho, abandonamos la venta, conducíamos hacia El Gastor y seguíamos indecisos.

Llegamos a este pueblo y aparcamos en la parte alta. Nos echamos la mochila a la espalda y nos dirigimos al área recreativa la Ladera, punto de inicio de nuestra particular aventura para este fin de semana. En el último instante optamos por acometer la subida al Lagarín (1.067m.), el de mayor cota.

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El sendero partía de un monolito del extinto ICONA. Nada más empezar, a modo de aperitivo, como para abrir boca y sin calentar nada de nada…, pues una empinada cuesta que nos hizo perder el resuello. El sendero discurría ladera arriba a la sombra de un bosque de pino carrasco (Pinus halepensis) fruto de una repoblación de los años 50. Un sendero bien marcado nos llevó hasta una enorme era y desde aquí vimos, por primera vez, la cima del Lagarín.

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De la era partía un sendero hacia un mirador, ansiosos por saber qué se vería desde aquel lugar aligeramos el paso, unos metros más allá nos detuvimos en seco. Se nos presentó en medio del sendero un moloso de mirada altiva y desafiante, un perro que tenía más cabeza que cuerpo. Un Pit bull que todo era mandíbula y que no pestañeó ni por un instante. Y todos los “valientes” miembros de la expedición fuimos permutando nuestra posición hacía atrás, y te quedabas el primero en el “pelotón”, te girabas y te ponías detrás del que te seguía, y así hasta que apareció el dueño vestido como una pila alcalina. Sí, con un chandal de esos de colores llamativos y líneas fluorescentes, y dijo el chaval:”si el perro no hace ná”. Y ciertamente no hizo “ná”, sólo demostrar nuestra supuesta “valentía” en este tipo de lides,…nada más y nada menos. Uhmmm…, estoy pensando que igual debería haber omitido esta parte del relato, pero…, ya que está escrito…, pues se queda.

Nos aproximamos al mirador orientado al norte, a nuestros pies el Gastor y en la lejanía, en frente, la estirada población de Olvera coronada a la izquierda por su bella iglesia y su impresionante castillo de obligada visita. Detrás de Olvera, oteamos tierras sevillanas, el castillo de Pruna sobre un promontorio de forma piramidal y tras éste el pueblo asomándose tímidamente. Mucho más lejos la Sierra del Terril. Giramos la vista a la izquierda y vimos el Peñón de Zaframagón, muy nuestro. Nos hicimos una foto de grupo con la mirada perdida en la lejanía, contemplando el paisaje.

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Retomamos la subida y nos adentramos de nuevo en el bosque por un sendero señalado con unos hitos de madera relucientes y decorados en su parte superior por dos líneas rojas. Mientras ascendíamos vimos entre las ramas de los árboles la Sierra de las Nieves, muy lejos y completamente blanca, incluso comentamos la posibilidad de desandar lo andado y dirigirnos allí.

Zigzagueamos por la ladera hasta que los pinos cedieron el sitio a las encinas, dejamos atrás una alambrada sin alambres y subimos por un repecho hasta la base del Lagarín. Retamas y encinas salpicaban aquel lugar desde donde vimos las estribaciones de la Sierra de Grazalema. A nuestra diestra el Pico Lagarín y a la siniestra Las Grajas, separados ambos picos por un enorme y desarbolado collado.

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Antes de subir al pico nos llamó la atención un promontorio en su ladera sur, intuimos unas buenas vistas desde aquel lugar y optamos por acercarnos. Para llegar allí teníamos que andar por un escuálido paso de cabras salpicado de pequeñas y traicioneras piedras sueltas.

Nos movíamos por una ladera muy empinada no apta para niños pequeños desobedientes y totalmente desaconsejable para aquél que sufriera de vértigo. De hecho no todos los miembros de la expedición accedieron a aquel lugar, el mirador ciertamente tenía unas buenas vistas y sobre todo unas caídas de padre y muy señor mío.

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Decidimos que había llegado el momento de acometer el asalto final a aquella cumbre que teníamos delante. Dejamos atrás un pequeño collado y nos detuvimos en su misma base, optamos por guardar las cámaras en la mochila, y así con las manos libres iniciamos la subida. Fuimos repechando asiendo troncos de retamas e introduciendo los dedos en agujeros y grietas, y así…, poco a poco, llegamos a la cima.

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Desde aquel lugar pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares, pero no las voy a describir. Prefiero publicar una panorámica más adelante con la ráfaga de fotos que tomé desde el vértice. También monté mi pequeño trípode de marca reputada e hice varias fotos de grupo, una de ellas junto al vértice geodésico

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Y otra, un poco más abajo, con Zahara de la Sierra al fondo.

Bien…, pues ya habíamos alcanzado la primera cumbre del día. Objetivo cumplido. Ahora nos quedaba coronar la siguiente: Las Grajas. Y ésta, en forma de extensa meseta, la teníamos enfrente, al otro lado del collado. Iniciamos la bajada del Lagarín por un sendero que vimos que partía de la cima, y es que…¡¡¡había un sendero!!!. Empinado y lleno de puñeteras pequeñas piedras que nos hacían resbalar, pero sendero en definitiva.

Bajamos atropelladamente y comenzamos a cruzar el collado que nos separaba de las Grajas, el pico Lagarín se fue quedando atrás.

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Saltamos una alambrada por una escalera habilitada al efecto y un poco más adelante, casi sin darnos cuenta,…pues volvimos a perder el sendero. De buenas  a primeras nos vimos saltando de piedra en piedra, rodeados de antipáticas aulagas. Aún nos quedaba un buen trecho hasta la cima cuando nos topamos con una sima. Una profunda herida en la tierra, húmeda y sombría, adornada por varios ejemplares de cornicabra. Como no traíamos ni cuerdas ni cascos y ni sabíamos si espeleología se escribía con o sin hache, pues seguimos adelante.

Nos movíamos rápido por un retamal apartando ramas y sorteando cardos secos. Un poco antes de alcanzar la meseta donde se encontraba la cota máxima de aquel lugar nos detuvimos a disfrutar del paisaje. Miramos hacia el pico Lagarín y nos llamó la atención la inclinación de la ladera por donde habíamos llegado al mirador, la verticalidad de unos cortados unos metros más abajo y lo abrupto del lugar por donde habíamos alcanzado la cumbre. En todo lo alto, el vértice geodésico tan blanco que parecía estar iluminado.

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Todo un enjambre de parapentes de llamativos colores trazaba círculos ascendentes entre el Lagarín y la vecina Sierra de Líjar. De pronto, a nuestra izquierda, de entre los cortados apareció un parapente que surcaba pausadamente el cielo y pasó tan cerca que estuvimos a punto de preguntarle la hora. Emulando el vuelo de un buitre leonado se recreó casi rozando los cortados, o por lo menos eso nos pareció, y pronto comenzó a coger altura, una vuelta, dos, tres y cada vez más alto, entonces puso rumbo a Algodonales.

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Alcanzamos la meseta y avanzamos rápidamente hacia el sur, llegamos al borde del precipicio y de nuevo la naturaleza de aquellos lugares nos obsequió con unas bellas vistas. Recorrimos la extensa meseta salpicada de piedras donde no conseguimos encontrar ni una sola brizna de hierba.

Fuimos casi rodeando el perímetro de aquella vasta meseta y llegamos a su cara este. En la lejanía volvimos a otear la Sierra de las Nieves con su inmaculado manto blanco. Me pareció el sitio ideal para hacernos una foto de grupo, así que lo dispuse todo, trípode, cámara e incluso figurantes. Pulsé disparador, los 10 segunditos de rigor, carreras, sonrisa y clic. Foto.

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Localizamos un sitio ideal para dar buena cuenta de nuestras viandas, allí varias piedras aparecían dispuestas a modo de mesa. Trasteé en mi mochila, saqué mi pañito de cocina, mi barra de pan, mi choricito, mi cuchillo y eah!, a dar buena cuenta del menú de mochila. Y allí estuvimos un buen rato disfrutando de la ingesta y de las vistas porque no soplaba ni una pizca de viento. Aquel desolado páramo salpicado de piedras se hubiera tornado inhóspito con la más mínima racha de viento.

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Tras la sobremesa decidimos que había llegado la hora de comenzar a bajar. Aún nos quedaba por visitar un lugar muy interesante al que queríamos llegar con suficiente luz: El Dolmen del Charcón. El descenso fue rápido, pasamos junto a las ruinas de cortijo casi sin prestarle atención. Oteamos unos chopos dorados allí muy abajo, sabíamos que el sendero discurría por ahí y también sabíamos que aquel lugar prometía buenas fotos,…habría que comprobarlo más tarde.

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Pero antes debíamos visitar el dolmen, continuamos ladera abajo y tomamos un sendero que partía a nuestra derecha hacia dos enormes encinas. Allí supusimos que se ubicaría el dolmen,… y no nos equivocamos. Uno de los mejor conservados que había visitado hasta la fecha, presentaba casi todas las cobijas y el túmulo aparecía intacto,…era enorme.

El monumento funerario colectivo, junto con las encinas y la cima del pico Lagarín formaban una estampa muy atractiva que no dudé en fotografiar.

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Caía la tarde, la luz se iba apagando poco a poco, y aún nos quedaba por fotografiar la chopera de más abajo. Llegamos a aquel lugar vestido de otoño y nos adentramos en el pequeño bosquete, éste se encontraba rodeado por un murete de piedra. Fue llegar a este sitio y el dedito del disparador me empezó a temblar, lo noté como nervioso. Puse rodilla en tierra y encuadre los troncos a media altura, a contraluz, me gustó lo que vi por el visor y disparé.

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Ensimismado jugando con ese sol entre las ramas de los chopos miré hacia arriba y entonces me di cuenta de una de las más bellas imágenes que nos brindaba ese lugar. Apoyé la cámara sobre la hojarasca, enfoqué hacia las copas de los árboles, arrodillado me arqueé para salir del encuadre y disparé. El objetivo de mi cámara captó unos esbeltos troncos poblados de hermosas hojas doradas y orientados hacia un punto de fuga en el cielo azul.

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Salimos de la chopera por donde el muro se había derruido y retomamos el camino hacia El Gastor.

Nos paseamos por sus empinadas calles cuando el sol ya se había ocultado. Paco indagó acerca de la posibilidad de adquirir unas gaitas gastoreñas y nos indicaron que la única persona que las fabricaba no vivía en el pueblo sino en las afueras, así que decidimos dejarlo para otro día.

Entramos en un bar que no tenía ni rótulo en la puerta. Y allí, los cinco, bien acomodados nos tomamos un cafelito y hablamos del sendero, del dolmen, de la chopera, de esto y de lo otro,… de todo menos de Iglesia y Estado.

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Todo este contenido lo tienes a tu disposición en mi web sotosendero.es

Blogs y webs amigas que me empujaron a hacer este sendero:

El Blog de Manuel

El Tercer Tiempo

Arcos Trotones Blog

Espero que te haya gustado

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7 respuestas a Lagarín y Las Grajas

  1. Viendo las imagenes aún me apena más no haber podido ir.
    Un abrazo.

  2. AGL dijo:

    Precioso reportaje Carlos… y que buena y cualificada compañía…
    Un cordial saludo: Agustin

  3. Pedro Sánchez dijo:

    Me alegro de que la ruta haya sido de vuestro agrado, son dos peñones muy bien situados como miradores al Parque. Gracias por nombrarnos. Saludos. Pedro Sánchez. Senderismo Tercer Tiempo.

    • sotosendero dijo:

      Gracias siempre a ti, Pedro. Por divulgar todo lo que contiene vuestra web TERCER TIEMPO. Sólo decirte que muchas veces salía al campo con tus crónicas y con los mapas impresos dobladitos en el bolsillo

  4. Daniel dijo:

    Me gusta leer tus buenos comentarios y las bellas rutas y fotografías del camino;. Yo aunque no os acompañe, cuando leo los comentarios y observo el paisaje, me siento en él y recorro con ustedes palmo a palmo todo el camino.

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