Ophrys atlantica

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Por estas calendas parecemos coleccionistas de sellos, …éste lo tengo, …éste no lo tengo, uhmmmmm, …te lo cambio. Más o menos como cuando era un chaval y compraba estampitas de “furbolistas” para completar un álbum que siempre se quedaba a medias. Sí, eran estampitas, …los que hablaban fino le decían cromos.

Y lo cierto es que andamos como locos intentando captar con el objetivo de nuestras cámaras la efímera belleza del mundo de las orquídeas. A estas alturas de la primavera hemos conseguido fotografiar varias especies, pero hay una que… es la joya de la corona.

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Se trata de Ophrys atlantica, especie protegida por la ley que además ostenta el rango de ser una de las orquídeas más escasas de Andalucía.

Nos habían dicho que se podía encontrar en los alrededores del pueblo más soleado de toda la Sierra de Cádiz, a unos 1.000 metros de altura, y más pronto que ojú montamos una pequeña expedición con el firme propósito de localizar algún ejemplar de esta emblemática especie.

Recuerdo estar concretando con el resto de los miembros de la expedición, hora y lugar de encuentro tecleando en el WhatsApp, mientras sonaban los acordes de una banda de música que acompañaba a no sé qué Hermandad por las calles de Jerez. En plena Semana Santa, de espectador sin serlo, mirando sin ver y oyendo sin escuchar. Yo…, a lo mío.

Y al día siguiente, tempranito, en una de las calles de ese bello pueblo encalado, ya estábamos trasteando en el maletero del coche buscando cámara, trípode y mochila. El cielo nublado, la temperatura ideal y nosotros nerviosos ante la posibilidad de localizar algún pie de esta singular orquídea.

No sé el tiempo que llevaríamos subiendo por aquella empinada ladera cuando notamos una suave brisa cargada de humedad a nuestra espalda, miramos a la derecha y dejamos de ver unos cortados calizos que nos habían acompañado durante todo el trayecto.

Las hordas de nubes nos adelantaban humedeciéndonos el rostro, bajó la temperatura y nos tuvimos que abrigar. Ora veías el compañero que tenías delante, ora no lo veías.

Las nubes se compactaron de tal forma que la visibilidad fue nula más allá de 5 metros. Nos reagrupamos los cuatro y ya fuimos caminando, sin rumbo, desorientados, a veces te sorprendía la silueta redondeada de algo que tenías delante, llegabas a su altura y comprobabas que se trataba de una encina.

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Y llegó un momento en que la niebla se disipó, no sabíamos donde estábamos, encinas y majoletos poblaban el paraje. Miramos al suelo y vimos muchas Oprhys lutea, tantas que parecía que se acercaban a saludarnos.

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Un poco más adelante nos topamos con una Ophrys tenthredinifera subsp. Ficalhoana, hermosa y solitaria. Y allí que me tiré al suelo sin importarme si estaba mojado o no, y me sorprendió la belleza de lo que vi por el visor, así la cámara con fuerza y disparé.

Me puse de rodillas para saber dónde andaba el resto de la comitiva y allí los ví, un poco más abajo en aquella ladera, tendidos en la hierba, emboscados, como si de tropas de élite se tratase. Eché en falta a mi hijo, no sabía por donde andaba. No habíamos encontrado lo que habíamos venido a buscar pero nos entretuvimos con luteas y tenthrediniferas.

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De pronto oímos unas voces, era mi hijo Juan Carlos que había localizado un ejemplar de Ophrys atlantica. Los 3 nos pusimos de rodillas cuál suricatos, nos miramos, sonreímos, apresuradamente nos pusimos de pie y corrimos hacia él sorteando piedras y matorrales.

Llegamos a su altura y bueno…, comenzamos con ese ritual que conocemos bien los aficionados a las “plantas tallicortas”. Y la fuimos fotografiando por turnos, pausadamente, saboreando el momento.

Y allí que estuvimos tanto tiempo que la orquídea se hizo nuestra amiga, nos contó que no siempre estaba en el mismo sitio, que prefería la protección de los majuelos y que crecía inclinada como haciendo contrapeso de su enorme labelo. Juan Carlos, a voces, nos indicó que había encontrado otra, también a la sombra de un majuelo, pero mejor iluminada que la primera.

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Nos sacudimos los pantalones e iniciamos el camino de vuelta. Una vez más la niebla inundó aquellos parajes como si quisiera mantener oculto aquel lugar donde moraba una de las orquídeas más escasas de Andalucía. En medio de la niebla nos hicimos una foto de grupo.

Seguimos caminando sin rumbo fijo, más bien por instinto, uno tras otro, hasta que desapareció la niebla por completo…, curioso. Y allí atrás quedó aquel paraje…, tal y como nos lo habíamos encontrado.

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Llegamos al pueblo y José Ramón se entretuvo fotografiando un bello ejemplar de Glossopappus macrotus. El objetivo de mi cámara captó el momento.

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11 respuestas a Ophrys atlantica

  1. juan dijo:

    Que pasada Carlos, pareces que estáis en la cima del Himalaya con tanta nube jeje
    Chulisimas las fotos y una colección de orquídeas de lo mejorcito con esa ophrys atlántica,enhorabuena y saludos a pepi y juanca.

  2. javielito dijo:

    me gusta si,pero mas las taganinas

  3. Amigo Carlos, una vez más me quito el sombrero ante tus crónicas, máxime en esta de la cual tuve el honor de ser participe.
    Te doy las gracias por todo, por el magnifico relato que aquí nos regalas, por las fotos, cuyo recuerdo como bien dices perdurará por siempre, por la más que buena jornada de campo compartida, como no, por la agradable sobremesa con ese “venao” en salsa, y por tu cordialidad en todo momento.
    Haz extensivo ese agradecimiento a tu hijo Juan Carlos, estuvo predestinado que fuese él quien tuviese el honor de descubrir esa joya de la botánica gaditana.
    Enhorabuena por tan buen hacer una vez más.
    Un abrazo.

  4. maria garcia angulo dijo:

    Buenisima cronica.Envibiable jornada.Y que maravillas de orquideas, flores y fotos.A ver si algun dia podemos compartir otro dia de naturaleza.Un beso Maria

  5. Melquiades Casas dijo:

    Magnífica crónica. Es como sí yo hubiera participado, aunque a la próxima me gustaría estar con vosotros de verdad.
    Un abrazo

  6. pako dijo:

    estupendas fotos y una cronica muy amena gracias por mandarla un saludo para ty y para manuel por si lee esto ,..

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