de BOTANICA – III

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Seguimos persiguiendo la primavera.

Ahora… cuando escribo esta crónica, aún estoy atusándome el pelo de la “levantera” de ayer. Y es que pasamos frío, calor y el viento sopló y sopló… pero no nos aburrió, e incluso nos cayeron cuatro gotas.

Cruzamos Alcalá tan tranquilo… que parecía estar deshabitado y al dejar atrás el pueblo el levante fue aún más poderoso, peinaba los prados y zarandeaba los árboles… y casi a nosotros. Después de muchas curvas, a diestro y siniestro bajo los árboles, llegamos a nuestro destino.

Nada más entrar en la Reserva Nacional de Caza nos salió al paso un hombre que amablemente se presentó como Melchor. Un auténtico emprendedor, que muy entusiasta nos relató que se había hecho cargo de los refugios destinados a turismo rural que existían alrededor de las ruinas de la ermita. Y allí estuvimos de cháchara un buen rato, bajo el enorme quejigo junto al refugio.

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Y mientras le oía…imágenes del pasado vinieron a mi mente. No pocas veces habíamos montado la tienda en aquel lugar. Y había transcurrido tanto tiempo desde aquel entonces que creo que no me dolían ni las rodillas. Y habíamos acampado de soltero y de casado, con niños y sin niños, con berrea y sin ella.

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Y es que este sitio no deja indiferente a nadie, ciertamente es un auténtico privilegio poder seguir disfrutando de lugares como éste. La Sauceda.

Un apretón de manos y una despedida, allí quedó Melchor, con su valentía y su entusiasmo. Nosotros… enfilamos el sendero bajo los árboles. Cerramos la angarilla y ya, ahí, nos metimos en nuestro papel. Que cuál era este, pues…. uhmmmm… fotografiar la primavera.

Con un movimiento brusco me quité la mochila de la espalda, trasteé en su interior, saqué las rodilleras y me las ajusté. Opté por llevar la mochila a medio colgar del hombro izquierdo, agarré como el que porta libros el difusor y mi esterilla plateada. Del cuello me colgué la cámara y con la mirada… comenzamos a rastrear el suelo.

En esta ocasión, siguiendo el consejo de los amigos, monté el 50mm macro y dejé a un lado el objetivo todo-terreno que suelo usar en mis salidas al campo. A este lo llevaba atrás en la mochila y le oía protestar de vez en cuando pero no le hice ni caso. Hoy sería el día del 50mm.

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Apenas habíamos andado veinte metros y ya comenzamos a detenernos con esta y aquella otra especie. En el mismo borde del sendero localizamos una fumaria y un geranium. Bajo la floresta había poca luz, me tendí en el sendero y les disparé.

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Un poco más arriba, en un claro del bosque, también en el mismo borde del sendero identificamos una preciosa orquídea de tonos morados: Anacamptis morio. Surgía de la hojarasca entre las protectoras ramas secas de un jerguén. Antes de tenderme sobre la esterilla busqué un buen fondo, y lo encontré. Mire por el visor y ahí la tenía, hermosa, nítida y maldita sea… moviéndose por el viento. Ora soplaba ora no.

Me gustó el fondo, el juego de matices amarillos y morados me pareció muy interesante. Me desplacé como una serpiente, casi reptando, ajusté el fondo que me pareció ideal. También, en la parte superior, el color áspero de las hojas del  alcornoque contribuyó a hacer la foto mucho más atractiva.

Disparé varias veces jugando con la profundidad de campo, conteniendo la respiración y cuando el viento no la mecía. Me senté en la esterilla para “comprobar” las fotos y me gustaron. Giré la mirada a la derecha y localicé otro ejemplar, muy jovencito.

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Sorteamos el Pasadallana por un puente de madera y cruzamos la explanada donde se erigían las ruinas de la ermita. Llegamos a una alambrada y hubimos de pasarla por una angarilla en recodo, tan estrecha que se engancharon hasta las correas de la mochila. Una vez al otro lado nos sorprendió la empinada ladera cubierta de alcornoques y tapizada de helechos.

Nos dimos la vuelta y oteamos la ermita entre las ramas de los árboles.

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Seguimos por la pista que se adentraba en el bosque. A nuestra izquierda, en lo más profundo del canuto bajaba muy alegre el Pasadallana, a la sombra de quejigos y escoltados por rododendros que aún no estaban en flor.

Notamos el aire húmedo que bajaba de la cumbre, miramos al cielo y lo vimos gris, amenazador, ahí nos cayeron cuatro gotas. Las nubes se desparramaban cubriendo aquellas laderas boscosas, sumergiendo la floresta en una espesa niebla húmeda. Poco a poco se fue acercando y no llegamos a distinguir ni las copas de los árboles. Había surgido de la nada como para impedir que siguiéramos más allá, y lo consiguió. En este punto decidimos emprender el camino de vuelta.

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Antes de abandonar aquel paraje, tuvimos tiempo de fotografiar algunas especies interesantes, como la Cephalanthera Longifolia

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Junto a la ermita localizamos unos llamativos Lupinus luteus, y sin dudarlo me tiré por los suelos. La inflorescencia era de tal tamaño que hube de retirarme para que cupiese en el encuadre de mi 50mm.

Antes de empezar a bajar por la otra vertiente giramos la vista atrás y allí quedó el bosque oculto bajo las nubes, de donde veníamos.

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A partir de aquí, en lo más profundo del canuto, nos movimos entre quejigos de enorme tronco cubiertos de musgo. Y ya aquello fue un auténtico paseo, tranquilo y relajado.

Sin duda la especie en flor más abundante por estas calendas era Allium triquetrum. A solas o formado espesos rodales, surgía de la hojarasca como iluminando aquellos lugares, a veces oscuros y sombríos.

Tuvimos la suerte de localizar otra especie de orquídea, en el mismo borde del sendero. Androrchis langei

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Entrecerrabas los ojos, mirabas al matorral y caías en la cuenta de que el color dominante en los claros del bosque era el amarillo. Arbustos, unos espinosos y otros no, vestían sus mejores galas.

En el suelo del sotobosque este color amarillo jugueteaba con el rosa creando llamativos matices.

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En el borde del sotobosque localizamos dos orquídeas muy juntitas. Ophrys  fusca y Ophrys tenthredinifera. Me arrodillé, entrecerré los ojitos como para afinar la mirada y comprobé que las flores estaban ya pasadas, mustias, qué pena. Un poco más allá una Ophrys bombyliflora.

Miré la ladera que tenía enfrente salpicada de quejigos y opté por subir a ver si encontraba algo interesante. El 50% de la expedición se quedó abajo y allí que subimos con la esterilla, el difusor, el paraguas, las ganas y… la cámara, claro.

Cuando llegué arriba comprobé con satisfacción que no me había equivocado, todo un enjambre de Ophrys tenthredinifera moraba en aquel lugar. Y tuve a mi entera disposición “modelos” para elegir.

Me llamaron la atención dos orquídeas que parecían hermanas. Cada una de ellas con dos flores. Extendí la esterilla procurando no aplastar ninguna de las otras orquídeas. Las nubes ocultaban el sol. Clavé los codos y miré por el visor, entonces me di cuenta de que también había una araña. Quise captar aquello que veía, tal y como lo veía. No me importó el fondo. Todas las flores cual esfinges miraban hacia la derecha, todas… excepto una que me miraba a mí. Acaricié el disparador…y clic.

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No era ni mediodía y ya habíamos batido aquel lugar. No me dolían ni el cuello ni las rodillas, la tarjeta a medio llenar, muchas horas de luz por delante y… PuertodeGalizpuertodelmojóndelavíboraubriquebenaocazvillaluengagrazalema, terminamos pisando caliza.

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Nada más llegar a este privilegiado lugar tuvimos la oportunidad de fotografiar cuatro especies de orquídea. Buen comienzo.

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Detuve el coche en el arcén, pasamos una alambrada por un “saltaero” y nos adentramos en el bosque, entre las encinas. Muchas jaras en flor poblaban aquel lugar. El bosque se fue haciendo más y más espeso, de hecho tuvimos que apartar las ramas de los árboles para pasar al otro lado. Fuimos caminando casi en cuclillas bajo la floresta hasta que nos situamos bajo un enorme algarrobo.

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Entonces las vimos, qué suerte. Casi nos damos de bruces con una de las flores más bellas que pueblan estos parajes. Es una especie que llama la atención por su colorido y su majestuosidad, incluso sabiendo que mora por aquí siempre te sorprende encontrártelas. Peonías.

Broche de oro a una inolvidable jornada de fotografía botánica.

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2 respuestas a de BOTANICA – III

  1. J Emilio Gomez dijo:

    Excelente reportaje Carlos, enhorabuena

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