Guadalmesí – río de la Miel

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Me parece a mí que está lluviosa primavera de días frescos tiene sus días contados, poco a poco y de forma intermitente el calor está secando nuestro entorno. Tanto es así, que el verano está llamando a la puerta para quedarse aquí,…inexorablemente.

El trigo cosechado en muchas besanas, las pacas de paja salpicando los campos, el girasol cabezón, sigilosas garrapatas por doquier, chicharras calentando motores,…

ALTO, dejemos de hablar del puñetero verano que se avecina y aprovechemos lo poco que nos queda de esta bendita primavera para salir al campo.

En esta ocasión, de la mano del Club montañero Sierra del Pinar, me voy a adentrar en unos parajes increíblemente bellos que están más cerca de África que de casa, unos lugares que esconden rincones que parecen estar localizados en Costa Rica en vez de Andalucía.

Que no se lo creen,… pues pasen y vean.

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Se trata de subir el curso del río Guadalmesí y volver a la civilización bajando por el cauce del río de la Miel en el PN de los Alcornocales.

Todo lo que relato a continuación es lo que aconteció en esta grata y agotadora jornada de senderismo de más de 16 km.

Sonó el despertador, 7 de la mañana, y pensé: … a currar,…que pereza. Pero no, mi mente resumió todo el día anterior a la velocidad de la luz y me hizo caer en la cuenta de que hoy…, era domingo, bien.

Abrí los ojos, bostecé y me dije a mí mismo: coñ…, la salida con el club montañero. De un salto abandoné la cama, me aseé, me vestí, me calcé mis queridas y mimadas botas, preparé la mochila, comprobé la cámara y…, apreté el botón del ascensor.

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Media hora más tarde ya estábamos todos los componentes de la “expedición” acomodados en un autobús conducido por un simpático y locuaz conductor, y allí que nos llevó mucho más al sur del Sur, tan al sur como que casi nos salimos de la península.

Habíamos pasado Algeciras cuando nos detuvimos en una venta de carretera a desayunar, y tras la primera parte de la pitanza nos volvimos a acomodar en el autobús camino del Puerto del Bujeo. Allí iniciamos nuestro sendero por una pista forestal que más adelante abandonaríamos para iniciar la subida por el cauce del río Guadalmesí.

Comenzamos a subir por una ladera cubierta de alcornoques y brezos en las estribaciones de la Sierra del Bujeo. A nuestros pies, en el fondo de su escarpado cauce bajaba alegre el río Guadalmesí, término que proviene del árabe y significa “río de mujeres”.

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En el ascenso nos llamó la atención la ladera de la Sierra del Cabrito que teníamos a nuestra izquierda, poblada ésta de un frondoso bosque asemejando una selva tropical, esto sólo sería un aperitivo de lo que nos encontraríamos más adelante.

Y continuamos ladera arriba hasta un puente de madera que salvaba un tímido afluente del Guadalmesí, a partir de aquí el sendero discurrió casi por el mismo cauce del río. Unos enormes alisos lo escoltaban dando sombra y cobijo a unos rincones de notable belleza, aquí y allá enormes piedras jalonaban el cauce del río donde se formaban tranquilas pozas.

Observamos tardíos hojaranzos en flor cuyos pétalos marchitos tapizaban el suelo del sotobosque. Una reliquia del Terciario que estamos obligados a conservar, una especie propia de épocas pretéritas, testigo de la frondosidad de los bosques lluviosos y selvas que cubrían estos parajes.

El hojaranzo, llamado también revientamulos por su toxicidad, es la joya del parque y pone la nota de color a muchos de los canutos que cubren las empinadas laderas boscosas.

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Un poco más adelante abandonamos el cauce del río y repentinamente subió la temperatura. El sendero discurrió entonces a la sombra de un bosque de alcornoques donde los enormes helechos nos llegaban a la altura del hombro.

Y poco a poco fuimos subiendo soportando unas altas temperaturas y bebiendo mucha agua. En una zona despejada de aquel interminable bosque nos hicimos la foto del grupo.

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Y llegamos al límite del bosque, aquí el alcornoque dejó paso a la herriza, ecosistema característico del PN los Alcornocales donde brezos de pequeño porte y jaras tapizan el suelo mientras el viento de levante impone sus condiciones.

Antes de alcanzar nuestra primera y única cima de la jornada nos detuvimos y volvimos la vista atrás. Desde nuestra posición privilegiada a 700 m. de altura vimos el Estrecho de Gibraltar,…al otro lado, Marruecos,…a éste, Tarifa,…y en medio, un enjambre de embarcaciones de todo tipo dejando estelas de espuma blanca en las azules aguas.

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Y tras deleitarnos con la majestuosidad del paisaje que se extendía ante nosotros seguimos subiendo por el serpenteante sendero hasta que alcanzamos la cima de 760m.

Allí nos subimos sobre unas piedras de arenisca y oteamos la otra vertiente. Desde aquella altura vimos la bahía de Algeciras como si estuviésemos en una clase de Geografía práctica. Su Peñón de Gibraltar, nuestra Línea de la Concepción, nuestra Algeciras, y en el horizonte: montañas y más montañas. A nuestra derecha y hacia el norte se extendía el PN de los Alcornocales.

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Sorteamos una angarilla e iniciamos la bajada hacia el Puerto de la Higuera (567 m.) por una ladera empinada como pocas. El sendero aparecía sembrado de unas pequeñas piedras que nos hicieron poner especial cuidado para evitar caídas y resbalones.

Enfrente laderas boscosas de donde surgían, de vez en cuando, enormes lajas de arenisca. Y en lo más profundo del canuto nuestro siguiente objetivo: el río de la Miel.

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Abandonamos el cortafuego y nos adentramos en la espesura del bosque en las laderas de la Sierra del Algarrobo. Alcornoques y brezos nos acompañaron durante un buen rato y fuimos perdiendo altura rápidamente por el cómodo sendero.

Conforme nos aproximábamos al fondo de la garganta los quejigos fueron adquiriendo protagonismo hasta que alcanzamos el cauce del río, allí el árbol predominante pasó a ser el aliso.

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El sonido del agua inundaba todos los rincones de aquel apartado lugar, laderas cubiertas de frondosos bosques que llegaban al mismo lecho del río, enormes piedras que el agua sorteaba creando hermosas cascadas y unos helechos que acariciaban con sus primitivas hojas el agua en saltos y pozas.

Y sentado sobre una piedra a la sombra de los alisos te relajabas, te quedabas embelesado contemplando la belleza del lugar, te parecía increíble estar en aquel hermoso sitio propio de otras latitudes.

Mirabas hacía arriba y no alcanzabas a ver la copa de los árboles y sólo se oía el sonido del agua.

Y seguimos aguas abajo hasta llegar a un remanso, allí sobre las piedras dejamos mochilas y bastones, unos se sentaron para comer y otros se bañaron en las pozas. Casi todos, incluso los indecisos, terminaron bañándose en las aguas frías del río de la Miel a la sombra de aquellos altos alisos.

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Carlos me comentó que aguas arriba había una cascada que merecía la pena visitar. Algunos componentes de la “expedición” nos echamos la mochila a la espalda y fuimos subiendo junto al cauce del río sorteando piedras y vegetación.

Y llegamos al idílico lugar en lo más profundo y apartado de aquellos parajes. Y allí, una cascada de aguas bravas saltaba desde una altura considerable para llenar una profunda poza flanqueada por enormes piedras verticales con las orillas pobladas de helechos prístinos.

Subí por las piedras, me agarré a un tronco para no perder el equilibrio, así fuertemente la cámara, busque la composición idónea y disparé: Un sitio increíblemente hermoso.

Sentados en las piedras de aquel apartado lugar dimos buena cuenta de nuestras viandas. Durante la ingesta nos entretuvimos con el colorido y las acrobacias de unas libélulas de tonos azules metálicos.

Poco a poco fueron llegando los demás componentes del grupo y todos se quedaron boquiabiertos ante la belleza de aquel paraje. Los más atrevidos incluso se bañaron en sus frías aguas.

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Y tras las breve sobremesa llegó el momento de retomar el sendero, nos colgamos la mochila a la espalda, asimos los bastones e iniciamos el camino aguas abajo.

El río de la Miel se fue encajonando en una profunda garganta y el sendero se fue apartando de él. Nada más abandonar la protección del canuto subió la temperatura considerablemente y comenzamos a sudar, mucho más que antes.

A nuestra derecha, desde lo más profundo de la garganta nos llegaba el sonido del agua. Mientras esta ladera aparecía cubierta por alcornoques la que teníamos enfrente asemejaba una inexpugnable selva de donde emergían lajas de arenisca de formas caprichosas.

Y llegamos a un claro del bosque desde donde oteamos Algeciras y Gibraltar. El sendero fue perdiendo altura como queriendo volverse a encontrarse con el río de la Miel, y así fue.

Llegamos a una enorme poza rodeada de piedras verticales donde había una verdadera catarata, aquí mientras unos descansaban sobre las piedras otros aprovecharon la ocasión para darse el último baño. En este bucólico paraje gastamos lo que nos quedaba de día.

Habíamos disfrutado de una jornada de senderismo de lujo en la que habíamos recorrido unos parajes únicos de notable belleza y lo mejor de todo…, en buena compañía.

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Todo este contenido lo tienes a tu entera disposición en MI WEB PERSONAL.

Esta salida al campo la hice con el CLUB SIERRA DEL PINAR.

Por otro lado,  desde lo más alto de la Sierra del Bujeo oteamos Gibraltar, pica en el enlace si lo quieres ver en GIBRALTAR INSIDE.

Espero que te haya gustado

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8 respuestas a Guadalmesí – río de la Miel

  1. Joaquín dijo:

    Preciosas fotos, Carlos. Enhorabuena. Estás haciendo un blog bien interesante !!
    Un saludo muy cordial.
    Joaquín del Val

  2. jose emilio gomez dijo:

    Por supuesto que me ha encantado, algunas fotillos son fantásticas y los lugares “paradisiacos”
    Enhorabuena
    Jose Emilio Gomez-Santiago de Compostela

  3. Andrés dijo:

    Gracias por compartir este precioso lugar, y unas fotografías tan estupendas

  4. La narración y las fotos estupendas, Que guasa la “caló”. Felicidades por la ruta.

  5. Joseppe Bonnano dijo:

    Fantástico reportaje.

  6. El Camaleon dijo:

    Recorrido estupendo , que acompaña bonitas panoramicas desde Sierra Luna, y como no podia ser menos el Rio de la Miel con sus pozas para refrescarse en verano. Bonita ruta de senderismo, esa zona tiene muchas opciones de recorridos. saludos

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